Resultados de investigaciones rebelan que, si deseamos mantener la felicidad a lo largo del tiempo, es necesario tomar un descanso de lo que estamos haciendo y experimentar algo nuevo. Esto es, porque la felicidad que experimentamos después de un evento o actividad en particular disminuye cada vez que se repite. De hecho, este fenómeno se conoce como adaptación hedónica. Sin embargo, una investigación publicada en la revista Psychological Science, afirma que dar a los demás puede ser la excepción a esta regla. Resultados de los estudios publicados, demostraron que la felicidad no disminuye, o disminuye más lentamente, cuando se da algo repetidamente a otras personas, en comparación con recibir repetidamente. La investigación revela que: dar repetidamente, inclusive lo mismo a personas idénticas, puede continuar generando bienestar cuanto más lo hacemos. En un experimento realizado con estudiantes universitarios, los investigadores dieron a cada participante 5 dólares por día durante 5 días. A cada participante se le pidió que gastara el dinero exactamente en lo mismo cada día durante los 5 días. También, dividieron en dos grupos a los participantes: Al primer grupo se le pidió gastar el dinero en ellos mismos, pero en lo mismo. Al segundo grupo se le pidió gastar el dinero en otra persona, por ejemplo, dejar dinero en un bote de propinas en el mismo café o hacer una donación en línea a la misma organización benéfica todos los días. Al final de cada día, los participantes reflexionaron sobre su experiencia de gasto en relación con la felicidad. Es importante aclarar que los participantes comenzaron con niveles similares de felicidad según los informes. Los resultados obtenidos, de un total de 96 participantes, demostraron un patrón claro: Aquellos que gastaron el dinero en sí mismos, informaron una disminución constante de la felicidad durante el período de 5 días. En cambio, la felicidad no parecía disminuir para aquellos que entregaban su dinero a otra persona. Los resultados evidenciaron que, la alegría de dar por quinta vez consecutiva fue tan fuerte como al principio. Pero esto no paro ahí. Los investigadores realizaron un segundo experimento en línea. Lo que les permitió mantener la coherencia de las tareas entre los participantes. En este nuevo experimento, 502 participantes jugaron 10 rondas de un juego de rompecabezas de palabras. Cada participante ganador recibió 5 centavos de dólar por ronda. En esta ocasión se les pidió guardar o donar a una organización benéfica de su elección el dinero ganado. Después de cada ronda, los participantes revelaron el grado en que ganar los hizo sentir felices, eufóricos y alegres. Nuevamente, la felicidad reportada por aquellos que regalaron sus ganancias declinó mucho más lentamente que la felicidad reportada por aquellos que guardaron sus ganancias. Análisis posteriores descartaron algunas posibles explicaciones alternativas, Como la posibilidad de que los participantes que dieron a otros tuvieran que pensar más y más sobre qué dar, lo que podría promover una mayor felicidad. Los investigadores Consideraron muchas posibilidades, y midieron más de una docena sin encontrar datos relevantes entre las condiciones de dar y recibir. La diferencia clave en la felicidad se mantuvo sin cambios. La adaptación a las experiencias que nos inducen a la felicidad puede ser funcional en la medida en que nos motiven a buscar y adquirir nuevos recursos. ¿Por qué no sucede esto también con la felicidad que sentimos cuando damos? Los investigadores señalan que cuando las personas se enfocan en un resultado, como recibir un pago, pueden comparar fácilmente los resultados, lo que disminuye su sensibilidad en cada experiencia. Cuando las personas se enfocan en una acción, como donar a una organización benéfica, es posible que se centren menos en la comparación y, en cambio, experimenten cada acto de dar como un evento único que induce a la felicidad. También, es posible que seamos más lentos en adaptarnos a la felicidad generada por dar, porque dar a los demás nos ayuda a mantener nuestra reputación prosocial, reforzando nuestro sentido de conexión social y pertenencia.