¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Recuerda que queremos escucharte. No olvides de enviar tus saludos y decirnos de qué parte nos escuchas. Envíanos una grabación de tu voz al correo electrónico equipo@magicosmundos.com. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña que se llamaba Rosa, pero todos le decían Rosita. Rosita tenía 8 años y vivía en Antigua, Guatemala, una ciudad colonial llena de calles empedradas y casas coloridas. Rosita tenía el cabello negro recogido en dos trenzas largas, ojos color café oscuro, y un lunar en la mejilla que su abuela decía que era "un beso de un ángel." Era pequeña para su edad, pero muy, muy curiosa. She was very curious. Su hermano mayor, Miguel, tenía 11 años. Era alto y flaco, con el mismo cabello negro pero siempre despeinado, y ojos color miel. Una mañana Rosita se despertó temprano aunque no tenía escuela. Esa semana era Semana Santa en Antigua, cuando las calles se cubrían con alfombras gigantes hechas de aserrín de colores. Alfombras tan hermosas que parecen arcoíris acostados en el piso. — Mientras Rosita y Miguel ayudaban a su familia a hacer su alfombra, su abuela se sentó y les contó una historia. "Hace cien años," comenzó la abuela, "vivía aquí un artesano famoso llamado Don Ramiro. Era el mejor creador de alfombras de aserrín de toda Guatemala." Ella continuó explicando que cada Semana Santa, Don Ramiro escondía un huevo dorado en algún lugar de la ciudad. Un huevo hecho de oro puro, decorado con piedras preciosas. Y dejaba pistas en sus alfombras. Pero en su última Semana Santa, Don Ramiro escondió su huevo más valioso y murió antes de que alguien lo encontrara. El Huevo Dorado todavía está escondido en algún lugar de Antigua. “Y las pistas siguen ahí, esperando," dijo. Rosita abrió los ojos grandes. "¿Crees que nosotros podríamos encontrarlo?" Su abuela sonrió. "Quién sabe, mi niña. Tal vez ustedes son lo suficientemente listos." Esa noche, Rosita no pudo dormir pensando en el Huevo Dorado. Brillará mucho? Tendrá joyas incrustadas? Las preguntas rondaban en su cabeza. — A la mañana siguiente, Rosita le dijo a Miguel: "Vamos a buscar el huevo! Pero antes, quiero ir al Parque Central." "¿Para qué quieres ir al parque?" preguntó Miguel. "Ya verás." Caminaron hasta allí. En la esquina había una fuente antigua de piedra que tenía varias estatuas de sirenas. Dicen que los que hacen mucho silencio y prestan atención pueden escucharlas cantar. “Es una fuente de deseos," dijo Rosita. "Si pides un deseo y tiras una moneda, tal vez las sirenas cumplan tu deseo." Rosita cerró los ojos fuerte, sacó una moneda de su bolsillo, y susurró: "Deseo encontrar el Huevo Dorado de Don Ramiro." La moneda cayó al agua con un pequeño splash. Miguel echó un ojo a las sirenas. Pudo haber jurado que vio a una de ellas guiñarle el ojo. "Vamos a buscarlo ya,” dijo Miguel. “Me estoy imaginando cosas." — Las calles de Antigua estaban llenas de alfombras de aserrín. Cientos de ellas. "Tenemos que buscar alfombras viejas," dijo Rosita. "Alfombras que se hayan hecho por muchos años." Caminaron observando cada alfombra hasta que Rosita se detuvo frente a una. Era una alfombra gigante con un sol brillante en el centro. Y en cada esquina, había un huevo pequeño dibujado con aserrín dorado. "Miguel, mira. Huevos dorados." Golden eggs. Cada huevo tenía algo dibujado adentro: una montaña, una campana, un árbol, y una fuente. "Son pistas," dijo Rosita. "Nos dicen a dónde ir." — Los dos sacaron un cuaderno y dibujaron las pistas. "La montaña debe ser el Volcán de Agua," dijo Miguel, apuntando hacia su dibujo. "Busquemos una alfombra con un volcán." Corrieron por las calles hasta que encontraron una alfombra con el diseño del Volcán de Agua. Debajo del volcán, había una campana dibujada con las palabras "La Merced" en aserrín amarillo. "¡La Iglesia de La Merced!" gritó Rosita. Inmediatamente fueron hacia la iglesia amarilla brillante. Frente a ella, había otra alfombra con diseños de ángeles y, en el centro, un árbol grande con raíces profundas. "Ese árbol se parece al árbol de ceiba en el Parque Central," dijo Rosita. — Fueron directo al Parque Central. En el centro del parque estaba el árbol de ceiba, enorme y antiguo. Debajo del árbol había una alfombra pequeña y vieja. En el centro había una sirena dibujada, y alrededor, palabras escritas en aserrín: "Donde el agua canta, el tesoro descansa." Rosita miró alrededor del parque. Había varias fuentes, pero solo una con sirenas. La fuente donde había pedido su deseo. Era la fuente antigua en la esquina del parque. "Miguel," dijo Rosita con emoción, "¡es la fuente donde pedí mi deseo!" Los dos corrieron hacia la fuente. Rosita se asomó. El agua era clara como cristal. Pero en el fondo, solo habían monedas. Los dos hermanos fruncieron el ceño. “Espera” dijo Miguel, “el agua no está cantando, tenemos que guardar silencio.” Cerraron los ojos, y poco a poco comenzaron a oír unos cantos. Siguieron las voces caminando lentamente, con los ojos aún cerrados, hasta llegar al otro lado de la fuente. Al llegar los dos abrieron los ojos a la vez. Allí en frente de ellos, bajo el agua cristalina había algo que brillaba. Algo dorado. — Rosita metió la mano en el agua fría y sacó un huevo. Un huevo de oro. A golden egg. Era del tamaño de un puño y brillaba bajo el sol. Estaba decorado con joyas verdes, rojas, y azules que formaban diseños de flores y pájaros. "Rosita... lo encontraste," dijo Miguel con asombro. "¡Encontraste el Huevo Dorado!" "Lo encontramos juntos," corrigió Rosita. En ese momento, una voz detrás de ellos dijo: "Sabía que alguien lo encontraría algún día." Se voltearon. Era un señor mayor con cabello blanco y bigote largo. "Soy el nieto de Don Ramiro," comentó. "Mi abuelo me dijo que algún día, dos niños muy listos lo encontrarían. Y aquí están ustedes." "¿Qué debemos hacer con él?" preguntó Rosita. What should we do with it? El señor sonrió. "Ese huevo no es para guardarlo. Es para compartirlo. Mi abuelo quería que fuera un tesoro para toda la ciudad." — Esa tarde, llevaron el Huevo Dorado al museo de Antigua. El director del museo dejó de respirar cuando lo vio. "¡Debe estar en nuestro museo para que todos puedan verlo!" El Huevo Dorado fue colocado en una vitrina de cristal con una placa que decía: "El Huevo Dorado de Don Ramiro. Encontrado por Rosa y Miguel después de 100 años." Rosita y Miguel se convirtieron en pequeñas celebridades en Antigua. Pero lo que más le gustó a Rosita no fue la fama. Fue ver a los turistas y a los niños visitando el museo, admirando el Huevo Dorado con ojos llenos de asombro. — Esa noche, su abuela les preguntó: "¿Qué aprendieron de su aventura?" Rosita pensó por un momento. "Aprendí que las leyendas a veces son reales. Y que los tesoros no son para esconderlos. Son para compartirlos con el mundo." Miguel agregó: "Yo aprendí que mi hermanita es más lista de lo que pensaba." Rosita le sacó la lengua, sonriendo. Su abuela se rió y dijo "Las tradiciones como el día de pascua, las alfombras, y el huevo, nos conectan con nuestro pasado y con nuestro futuro." Rosita miró por la ventana. Afuera, las calles de Antigua brillaban con alfombras de aserrín. Mañana, las procesiones pasarían por encima de esas alfombras, destruyéndolas. Pero no importaba. Porque al año siguiente, las harían de nuevo. Y tal vez habría otros tesoros esperando ser descubiertos en las calles de Antigua. Pero esa era una aventura para otro día. — ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Sabías que en Antigua Guatemala hacen alfombras de aserrín durante Semana Santa? ¿Alguna vez has buscado un tesoro? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. [Saludos] ¡Guau! ¡Gracias por enviar el saludo desde Buenos Aires Isabella! Espero que pases una linda pascua con tu familia. ¿Puedes contarme cual es la tradición de pascua en Argentina? Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!