¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Recuerda que queremos escucharte. No olvides de enviar tus saludos y decirnos de qué parte nos escuchas. Envíanos una grabación de tu voz al correo electrónico equipo@magicosmundos.com. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña que se llamaba Gabriela. Gabriela tenía 8 años y vivía con su mamá, su papá, y su hermanito menor en una casa colorida en Puerto Rico. La casa era celeste, como el cielo del Caribe. Tenía un jardín con flores de cayena rojas, un árbol de mango grande, y una vista al mar que brillaba como si tuviera diamantes flotando en el agua. Gabriela amaba vivir en Puerto Rico. Amaba el sonido de las olas, el canto de los coquíes en las noches, y el sabor dulce de las piraguas de coco que compraba después de la escuela. Pero había algo que asustaba a Gabriela. Something that scared her. Los huracanes. Un huracán es como un monstruo gigante hecho de viento y lluvia que ruge, que sopla, y que puede destruir todo a su paso. Y ese verano, un monstruo se estaba acercando a Puerto Rico. — Todo comenzó un día soleado. El cielo estaba azul, el mar estaba tranquilo, y los pájaros cantaban en los árboles. Pero cuando Gabriela llegó a casa de la escuela, vio a sus papás pegados a la televisión. En la pantalla había un mapa. Y en el mapa, había un remolino blanco gigante, girando y girando rápidamente. "Papá, ¿qué es eso?" preguntó Gabriela con los ojos en grande. Su papá apagó el televisor y la miró con seriedad. "Es un huracán, mija. Y viene hacia Puerto Rico." Gabriela sintió como sus pelos se ponían de punta en la espalda. A chill ran down her spine. "¿Cuándo va a llegar?" preguntó con voz temblorosa. "En dos días," contestó su mamá. "Pero vamos a estar preparados. No te preocupes." — Los siguientes dos días estuvieron muy ocupados con la preparación. Su papá fue al supermercado y compró agua embotellada, latas de comida, y velas. Compró tantas cosas que parecía que iban a abrir una tienda. Su mamá llenó la bañera de agua, porque el huracán podía apagar el agua de la casa. The hurricane could turn off the water. También guardaron todas las sillas del jardín, las macetas, y hasta el trampolín de su hermanito. Todo lo que el viento pudiera levantar y llevarse. Mientras trabajaban, Gabriela notó algo extraño. El cielo estaba cambiando. Ya no era azul brillante. Ahora era gris, como si alguien hubiera puesto una sábana sucia sobre el sol. El mar también se veía diferente. Las olas eran más grandes, más oscuras, más enojadas. Y los pájaros... los pájaros habían desaparecido. No se escuchaba ni un solo canto. "Mami, ¿a dónde fueron los pájaros?" preguntó Gabriela. "Ellos saben que viene el huracán," contestó su mamá. "Los animales siempre lo saben primero. Se esconden." Gabriela tragó saliva. Si los pájaros se están escondiendo, pensó, esto debe ser realmente malo. — La noche antes del huracán, Gabriela casi no pudo dormir. El viento ya estaba empezando. No era fuerte todavía, era como si alguien estuviera soplando sin parar en la ventana de su cuarto. Whoooooo. Whoooooo. Gabriela se tapó con su cobija hasta la nariz. Abrazó a su peluche, un coquí verde que le había regalado su abuela. "No tengas miedo, coquicito," le susurró a su peluche. "Vamos a estar bien." Pero la verdad era que Gabriela sí tenía miedo. She was scared. A la madrugada, Gabriela se despertó con un ruido. CRASH. Corrió a la sala. Su papá ya estaba despierto, mirando por la ventana con una linterna. "¿Qué fue eso, papi?" preguntó Gabriela. "El árbol de mango," dijo su papá, negando con la cabeza. "El viento lo tumbó." Gabriela miró por la ventana. El árbol grande y fuerte que había estado en su jardín toda su vida... ahora estaba acostado en el piso, como un gigante verde dormido. Y el huracán ni siquiera había llegado todavía. — Cuando el sol salió, aunque casi no se podía ver por las nubes oscuras, el huracán llegó de verdad. Y llegó rugiendo. El viento ya no sonaba como el soplido en su ventana. Ahora era un aullido. Como si mil lobos estuvieran aullando al mismo tiempo. UUUUUUUUUUUUUUU. Las ventanas vibraban tanto que parecía que iban a explotar. La puerta del frente se sacudía como si algo estuviera tratando de entrar. La lluvia no caía. Se lanzaba. SPLASH. SPLASH. SPLASH. Gabriela, su hermanito, y sus papás se sentaron juntos en el pasillo central de la casa, lejos de las ventanas. Era el lugar más seguro. Su mamá prendió una vela porque la electricidad se había ido. The electricity had gone out. En la luz temblorosa de la vela, Gabriela podía ver las caras de su familia. Su hermanito estaba llorando. Su mamá lo abrazaba fuerte. Los ojos de su papá seguían todo sonido. CRACK. Algo se rompió afuera. BANG. Algo golpeó el techo. CRASH. Algo más cayó. El huracán era como un monstruo destrozando todo. Arrancando árboles como si fueran hierbas, los techos volaban como sombreros. Gabriela cerró los ojos fuerte y pensó en cosas bonitas. En las piraguas de coco. En los coquíes cantando. En el mar brillando con diamantes. "Va a pasar, mi amor," le susurró su mamá. "Los huracanes siempre pasan." — Y su mamá tenía razón. Después de horas y horas de viento furioso, de lluvia violenta, y de ruidos aterradores... el huracán empezó a calmarse. El aullido se volvió silencio. Y finalmente... todo paró. Gabriela abrió los ojos. "¿Ya pasó?" Su papá se asomó por la ventana. "Sí, mija. Ya pasó." La familia salió de la casa con cuidado. Lo que vieron los dejó sin palabras. El jardín estaba destruido. El árbol de mango estaba tirado en la tierra. Las flores aplastadas. La cerca volada. La calle estaba llena de ramas, cables, y pedazos de techos que no eran de su casa. Algunos postes de luz estaban doblados como si fueran de plastilina. Había pequeños lagos en medio de la calle. Pero su casa... su casa todavía estaba de pie. Standing. El techo tenía algunos huecos. Una ventana se había roto. Pero había sobrevivido. The house had survived. — En los días siguientes, algo hermoso pasó. Los vecinos salieron de sus casas. Todos se ayudaron. Don Miguel, el vecino de al lado, ayudó al papá de Gabriela a quitar el árbol caído. Doña Carmen trajo comida para compartir porque su refrigerador aún funcionaba. Los niños del vecindario juntaron todas las ramas y las pusieron en una pila gigante. No había electricidad. No había agua corriente. No había internet. Pero había algo más importante. There was something more important. Había comunidad. Gabriela ayudó a repartir botellas de agua a los vecinos mayores. Se sintió como una heroína. She felt like a hero. Una semana después, la electricidad regresó a su calle. Cuando las luces prendieron, todos los vecinos salieron y aplaudieron. Era como una mini fiesta. Unos días después, Gabriela escuchó algo que la hizo llorar de felicidad. Co-quí. Co-quí. Los coquíes habían regresado. The coquís had returned. Gabriela corrió al jardín. Aunque todavía estaba desordenado, aunque el árbol de mango ya no estaba, vio algo increíble. Pequeñas flores rojas estaban empezando a crecer de nuevo. Little red flowers were starting to grow again. La naturaleza estaba sanando. Nature was healing. Y Puerto Rico estaba sanando también. — Esa noche, antes de dormir, Gabriela le dijo a su mamá: "Mami, tuve mucho miedo durante el huracán." Su mamá la abrazó. "Yo también, mi amor. Todos tuvimos miedo. Pero al final, nosotros somos más fuertes porque nos tenemos los unos a los otros." Gabriela cerró los ojos. Afuera, los coquíes cantaban su canción. Co-quí. Co-quí. Y aunque Gabriela sabía que algún día otro huracán podría venir, también sabía algo muy importante: Puerto Rico siempre se levanta. Porque Puerto Rico no es solo una isla. Es un pueblo fuerte, resistente, y lleno de amor. — ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Alguna vez has vivido un huracán o una tormenta fuerte? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. [Saludos] ¡Guau! Gracias por enviar el saludo Inara. Muy bien como pronunciaste Popocatépetl, ¡incluso mejor que yo! ¿Qué otra historia de México te ha interesado? Espero que sigas escuchando y aprendiendo de los cuentos. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!