¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Recuerda que queremos escucharte. No olvides de enviar tus saludos y decirnos de qué parte nos escuchas. Envíanos una grabación de tu voz al correo electrónico equipo@magicosmundos.com. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una mujer que no le temía nada. Ella tenía el cabello largo y oscuro, y dos ojos en forma de almendras redondas. Se llamaba Manuela Sáenz, y nació en Quito, Ecuador, hace mucho tiempo atrás. En ese tiempo, Ecuador no era un país libre. Era controlado por España, un país al otro lado del océano. Los españoles tomaban decisiones por todos los ecuatorianos, y muchas personas no estaban felices con eso. Manuela creció viendo esta injusticia. Y desde pequeña, era diferente a las otras niñas. She was different from other girls. Mientras las otras niñas jugaban con muñecas, Manuela quería aprender a montar a caballo. Mientras las otras niñas aprendían a bordar, Manuela quería aprender sobre política y guerras. "Manuela," le decían, "las señoritas no hablan de esas cosas." Pero a Manuela no le importaba. She didn’t care. Ella tenía sus propias ideas sobre cómo debía ser el mundo. Y una de esas ideas era muy clara: su país debía ser libre. — Un día, cuando Manuela ya era adulta, llegó a Quito un hombre muy famoso. Un hombre que estaba luchando para liberar a toda Sudamérica de España. Ese hombre se llamaba Simón Bolívar. Simón Bolívar tenía patillas negras y largas, una nariz puntiaguda, y llevaba un uniforme azul y dorado. Quería que todos los países de Sudamérica fueran independientes. Cuando Manuela conoció a Simón Bolívar, los dos se dieron cuenta de algo inmediatamente: compartían el mismo sueño: el sueño de una Sudamérica libre. "Yo también quiero luchar por la libertad,” dijo Manuela mientras golpeaba la mesa con el puño. “Déjame ayudarte." Simón levantó las cejas. Él nunca había conocido a una mujer que quisiera pelear en las guerras. Pero cuando Simón vio el brillo de determinación en los ojos de Manuela, supo que ella era una mujer diferente. "Está bien," le dijo mientras asintió con la cabeza. "Lucharemos juntos." — Y así, Manuela se convirtió en soldado. A soldier. Montaba a caballo y sabía usar espadas mejor que muchos hombres. Y lo más importante: era increíblemente valiente. En las batallas, Manuela no se quedaba atrás. Luchaba al frente, con los demás soldados, arriesgando su vida por la libertad de su pueblo. Los soldados la admiraban. La llamaban "La Libertadora." They called her the Liberator. Juntos, Simón y Manuela viajaron por toda Sudamérica, liberando países uno por uno. Perú. Bolivia. Colombia. Venezuela. Cada país que liberaban era una victoria. Pero no todos estaban felices con lo que Simón y Manuela estaban haciendo. Había personas que no querían que Sudamérica fuera libre. Personas que querían mantener el poder para ellos mismos. Y esas personas... querían matar a Simón Bolívar. — Una noche, Manuela y Simón estaban en Bogotá, Colombia. Era tarde. Casi medianoche. La ciudad estaba oscura y no se oía ni a un grillo. Manuela estaba leyendo en su habitación, mientras Simón dormía en la habitación de al lado. De repente, Manuela escuchó algo. Pasos. Muchos pasos, acercándose a la casa. Manuela dejó su libro y se asomó por la ventana, moviendo la cortina lentamente para no llamar la atención. Lo que vio afuera la aterrorizó. Había un grupo de hombres armados caminando encogidos hacia la casa. Llevaban espadas en las manos. Sus caras eran rojas de rabia. Manuela supo inmediatamente lo que estaba pasando. Era un ataque. Venían a matar a Simón Bolívar. Su corazón comenzó a latir rápido como un conejo brincando en su pecho. No había tiempo para pedir ayuda. No había tiempo para llamar a los guardias. Solo había tiempo para una cosa: actuar. Manuela corrió a la habitación de Simón y lo despertó. "¡Simón! ¡Despierta! ¡Vienen a matarte!" Simón se levantó de un salto. "¿Qué? ¿De qué hablas?" "No hay tiempo para explicar," gritó Manuela. "Tienes que escapar. ¡Ya!" Manuela abrió la ventana y señaló hacia afuera con su dedo índice. "Salta por la ventana. Escóndete debajo del puente. Yo los voy a distraer," suplicó. Simón miró a Manuela con preocupación. "¿Y tú? No te voy a dejar sola." "No te preocupes por mí, yo me cuido" dijo Manuela, mientras le dió un empujón a Simón hacia la ventana abierta. "¡Ve! ¡Ahora!" — Simón saltó por la ventana justo a tiempo. Al aterrizar, se agachó y desapareció en la noche. Segundos después, los hombres armados entraron a la casa a la fuerza. Estaban tan enojados que mostraban todos sus dientes. Su mirada parecía un volcán a punto de explotar. BANG. BANG. BANG. Patearon la puerta. Rompieron muebles. "¿Dónde está Bolívar? ¡Dinos dónde está!" dijeron entre dientes. Manuela se paró frente a ellos, sin miedo. "No sé de qué hablan," dijo Manuela, con voz firme. "Aquí no hay nadie." Los hombres la empujaron. Buscaron por toda la casa. Abrieron armarios. Voltearon camas. Pero Simón Bolívar no estaba. "¡Tú lo ayudaste a escapar!" le gritó uno de los hombres a Manuela. "¿A dónde fue?" Manuela los miró directo a los ojos. "No les voy a decir nada." Los hombres amenazaron a Manuela. Le apuntaron con sus espadas. Pero ella nunca iba a traicionar a Simón. Después de buscar por horas sin encontrar nada, los hombres finalmente se fueron, frustrados y cabizbajos. Cuando la casa quedó en silencio otra vez, Manuela corrió hacia el puente donde le había dicho a Simón que se escondiera. "¿Simón? ¿Estás ahí?" Desde debajo del puente, salió Simón Bolívar, mojado, con frío, pero vivo. He was alive. Manuela lo abrazó fuerte. "Lo logramos," susurró a su oído. Simón la miró con lágrimas en los ojos. "Me salvaste la vida, Manuela. Fuiste más valiente que cualquier soldado que he conocido." — Desde esa noche, Manuela Sáenz se ganó un nuevo nombre: "La Libertadora del Libertador." The Liberator of the Liberator. Porque no solo había luchado por la libertad de Sudamérica en los campos de batalla, sino que también había salvado la vida del hombre que estaba liberando todo un continente. Sin Manuela, Simón Bolívar habría muerto esa noche. Y sin Simón Bolívar, la historia de Sudamérica habría sido completamente diferente. Manuela siguió luchando por la libertad durante el resto de su vida. Nunca dejó de creer en sus sueños. She never stopped believing in her ideals. Y aunque en su tiempo muchas personas no la valoraron porque era mujer, hoy en día sabemos la verdad: Manuela Sáenz fue una de las heroínas más grandes de Sudamérica. Fue valiente, inteligente e imparable. Y lo más importante: nunca dejó que nadie le dijera que no podía hacer algo solo por ser mujer. — ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Conoces a alguna otra mujer valiente en tu vida? En Bogotá, aún puedes ver la casa de Simón, y la ventana verde de donde se escapó. Si vives en Bogotá, ¿has visitado su casa? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. [Saludos] ¡Guau! ¡Gracias por enviar el saludo Lara! Qué emoción escucharte desde Costa Rica, tierra de pura vida y volcanes. Apuesto a que eres tan valiente como Manuela Sáenz. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!