¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Recuerda que queremos escucharte. No olvides de enviar tus saludos y decirnos de qué parte nos escuchas. Envíanos una grabación de tu voz al correo electrónico equipo@magicosmundos.com. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un niño que se llamaba Benito. Él vivía en un pueblito muy pequeño en las montañas de Oaxaca, México. En su pueblo solo había unas pocas casas, ovejas que comían pasto en las colinas, y muchas montañas verdes que parecían la cola de un cocodrilo. Benito era un niño indígena zapoteco. Tenía la piel morena, el cabello negro, y hablaba zapoteco, el idioma de su pueblo. He spoke Zapotec, the language of his people. El trabajo de Benito era cuidar las ovejas de su familia. Todos los días, desde que el sol salía hasta que se ponía, Benito caminaba por las montañas con sus ovejas. "Beee," decían las ovejas, peludas como bolas de algodón. "Sí, sí, ya sé que tienen hambre," les contestaba Benito. A Benito le gustaba cuidar las ovejas. Pero había algo que le daba mucha curiosidad. Something that made him very curious. A veces, cuando iba al pueblo más cercano con su tío, veía a los niños entrando a un edificio grande. Un edificio con muchas ventanas en donde se veían salones con filas de sillas y mesas frente a un pizarrón grande. "Tío, ¿qué es ese lugar?" preguntó Benito. "Es una escuela," contestó su tío. "Allí los niños aprenden a leer y escribir." Benito abrió los ojos grandes. "¿Leer? ¿Qué es leer?" Su tío le explicó que leer era mirar unas letras en papel y entender qué decían. Como si las letras hablaran, pero sin hacer ruido. Benito levantó las cejas y se inclinó hacía adelante. Quería aprender a leer. He wanted to learn how to read. Pero en el pueblito de Benito no había escuela. Su familia era muy pobre. Pues desde pequeños habían trabajado la tierra. No tenían dinero para comprar libros, ni para enviar a Benito a la escuela. Entonces, Benito siguió cuidando ovejas. Día tras día. Mes tras mes. Pero nunca dejó de pensar en esas letras mágicas que podían hablar sin hacer ruido. Un día, cuando Benito tenía 12 años, su tío le dijo algo muy importante. "Benito, hay una familia en la ciudad de Oaxaca que necesita ayuda. Buscan a alguien que trabaje en su casa. Te pagarían un poco de dinero." Benito lo pensó, rascándose la frente. La ciudad de Oaxaca estaba muy lejos. Tendría que dejar a sus abuelos, sus ovejas, y su pueblito. Pero... en la ciudad había escuelas. Tal vez pueda aprender a leer allí, pensó. "Sí, tío. Quiero ir," dijo Benito. Y así, Benito caminó durante muchas horas, bajando las montañas con un saco de sus pertenencias más especiales, hasta llegar a la ciudad de Oaxaca. La ciudad era enorme. Había cientos de casas, iglesias grandes, y calles de piedra. Benito nunca había visto tantas personas juntas. Era como un nido de hormigas de la montaña. Cuando llegó a la casa donde iba a trabajar, tocó la puerta. Una señora de cabello gris abrió. "¿Eres Benito?" preguntó. Benito asintió con la cabeza. "Pasa. Te voy a explicar qué tienes que hacer." El trabajo de Benito era ayudar en la cocina, limpiar la casa, y hacer mandados. Era mucho trabajo. Pero trabajaba duro. He worked hard. Cada noche, después de terminar su trabajo, Benito estaba tan cansado que sus ojos se cerraban en la cena. Cuando se acostaba en su cama, se quedaba dormido apenas ponía su cabeza en la almohada. Pero una noche, mientras limpiaba la sala, vio algo en el escritorio. Era cuadrado, grueso, y rojo con páginas doradas adentro. Era un libro. Benito se acercó. Abrió el libro con cuidado. Vio letras por todas partes. Letras y letras y más letras. Pero no entendía nada. No sabía qué decían. Cerró el libro, mientras una lágrima se formaba en su ojo. Él pensó que nunca podría entender lo que decía ese libro. Siguió limpiando. Un día, el señor de la casa lo vio mirando los estantes llenos de páginas y letras. "¿Te gustan los libros, Benito?" le preguntó. Benito bajó la cabeza, con su cara roja de vergüenza. "Sí, señor. Pero yo no sé leer." El señor sonrió, lo tomó de la barbilla y levantó su cara. "¿Quieres aprender?" Los ojos rasgados de Benito brillaron. His eyes lit up. "¡Sí! ¡Sí quiero!" "Está bien. Te voy a enseñar." Y así, todas las noches después del trabajo, el señor le enseñaba a Benito las letras. La A, la B, la C. Al principio era muy difícil. Benito se confundía. Las letras se veían todas iguales, como palos y circulos mezclados en la página. Pero no se rindió. He didn’t give up. Practicaba y practicaba. Una letra a la vez. Una palabra a la vez. Hasta que un día... leyó su primera palabra completa. "C-A-S-A. ¡Casa!" gritó Benito. "¡Leí la palabra casa!" El señor aplaudió. "¡Muy bien, Benito! Lo estás logrando." Benito siguió aprendiendo. No solo aprendió a leer en español, sino que también aprendió los números, la historia de su pueblo, y del mundo a su alrededor. Mientras más conocía, más quería aprender. Con el tiempo, Benito ya no era solo el niño que cuidaba ovejas. Ahora era un estudiante. Now he was a student. Estudió tanto, que se convirtió en abogado. Un abogado que defendía a las personas pobres e indígenas como él. Y no se detuvo allí. Benito Juárez, ese niño que no sabía leer, llegó a ser algo increíble. ¿Sabes qué llegó a ser? ¡Llegó a ser el Presidente de México! Así es. Un niño indígena, que empezó sin saber leer ni escribir, se convirtió en el líder de todo un país. Como presidente, Benito Juárez hizo cosas muy importantes. Creó leyes para que todos los niños pudieran ir a la escuela, no solo los niños ricos. Dijo algo muy famoso, si todos nos respetamos, todos podemos vivir en paz. Benito Juárez sabía que la educación era muy importante. Él no había podido ir a la escuela cuando era niño, pero se aseguró de que otros niños sí pudieran. Hoy en día, en todo México, hay escuelas, bibliotecas, y calles que llevan el nombre de Benito Juárez. Para recordar al niño que no sabía leer, pero que nunca dejó de aprender. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Qué es lo que más te gusta de la escuela? ¿Has aprendido a leer? Y tú, ¿estás aprendiendo algo nuevo ahora mismo? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. [Saludos] ¡Guau! Gracias por enviar los saludos Amelia Sofía y Ana Lucía. Que nombres tan bonitos. ¡Me pone muy feliz que les gusten mis cuentos! ¿Cuáles fueron sus cuentos favoritos? Coméntemelo. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!