¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tú eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un niño de siete años llamado Teo. Teo vivía en un pueblo rural en las afueras de Quito, Ecuador. El pueblo era como de sueño, con las calles empedradas, una plaza central, y una iglesia antigua donde se reunían los ciudadanos cada domingo. Un día, Teo se despertó temprano, *canto del callo* “buenos días gallos,” dijo, mientras estiraba los brazos y las piernas. Aunque estaba en su habitación, podía ver su aliento salir de su boca como humo por el frío. Se frotó las manos mientras se levantaba, y bajó las escaleras de su casa. Iba a hacer su quehacer diario: darle de comer al animal que cuidaba, un cerdo al que nombró Cerdi. Cerdi había nacido un par de años antes, en un rancho al otro lado del pueblo. Tenía la piel de un color gris claro, con lunares marrones que parecían manchas de barro. Su cola fue doblada en un círculo. His tail was twisted into a circle. Cerdi tenía un establo amplio que le permitió explorar, tomar baños de barro, y disfrutar del aire libre. Era un cerdo definitivamente feliz. “Ya eres grande, Cerdi,” dijo Teo, mientras le dió su comida, una mezcla de los restos de la cena de la noche anterior. “Yo recuerdo cuando eras recién nacido y te podía cargar en mis brazos.” Cerdi hizo lo que siempre hace cuando Teo le da de comer. Bajaba la cabeza y empezaba a gruñir mientras comía su desayuno a mordidas grandes. Mientras masticaba, la comida se caía de los lados de su boca como dos cascadas. Teo adoraba a Cerdi. Era como su mascota fiel. Fue en ese momento cuando Teo vio a sus papás bajar las escaleras hacía el establo. “Buen día,” dijo Teo a sus papás, “¿qué hacen aquí?” Sus papás sonrieron, y se fijaron en Cerdi. “Ya está grande Cerdi,” dijo su papá. “Pronto va a ser tiempo de que cumpla su deber.” Teo frunció el ceño, confundido. “¿Cuál deber?” le preguntó. “¡Su único deber es seguir comiendo y creciendo!” dijo entre risas. “Teo,” dijo su papá, “Cerdi es un animal de granja. Los animales de granja nos dan vida a nosotros. Ese es su deber.” Teo se quedó viendo a su papá, con los ojos abiertos de par en par. ¿Quería decir que iban a comer su cerdo? ¿Era eso una broma de mal gusto? Sintió su respiración acelerarse, y los pelos de sus brazos se pusieron de punta. Dirigió su mirada hacía su mamá. Ella estaba asintiendo con la cabeza, confirmando lo que su padre había dicho. “Mmm necesito ir al baño,” dijo Teo, como excusa para salir de ese momento incómodo. Se fue marchando hacía su casa a grandes zancadas. Teo sintió una mezcla de emociones. Tuvo ganas de llorar y gritar. Había muchas preguntas rondando en su cabeza. A pesar de sus emociones, él sabía que Cerd sí era un animal de granja. Y que los animales de granja se comen. Pasó toda la mañana pensando en su situación, y decidió preguntarle a su amigo Javier qué debía hacer. Javier vivía en el rancho donde nació Cerdi, así que él sabía mucho de los animales de granja. “Javier,” gritó Teo, cuando llegó a la entrada del rancho. “¿Estás en casa?” Javier salió de la puerta principal, sonriendo, mostrando los huecos de los dientes que se le habían caído. “Hola Teo ¿qué haces aquí?” le preguntó Javi. “Mmm tengo un problema,” respondió Teo, mientras miraba sus pies. “¿Te acuerdas de Cerdi verdad?” Javier asintió con la cabeza. Teo le explicó que sus papás le habían dicho que era tiempo de comer a Cerdi. Que ya era grande. Javier puso su mano en el hombro de Teo. Le contó de su vida en el rancho, donde todos los días comen los animales que crían. Gallinas, vacas, cerdos, y cuys. “Mi papá dice que es parte del ciclo de la vida,” dijo Javier. Teo le dió un abrazo a su amigo, con unas lágrimas formándose en los ojos. “Oye Teo,” continuó Javier, “¿a ti te gusta la fritada de chancho verdad?” Teo sonrió y asintió con la cabeza mientras se quitó las lágrimas de sus ojos. Era uno de sus platillos favoritos, y contenía cerdo. Eso le dio una idea. Cuando regresó a su casa, se fue directamente a la sala donde estaban sus papás. “Tengo una idea,” anunció. Sus papás lo vieron con cariño. Sabían que era un momento difícil para él. “Si tenemos que comer a Cerdi al menos podemos comerlo en una fritada de chancho?” Su mamá le guiñó el ojo, le tomó la mano y movió la cabeza asintiendo. Más tarde ese día, cuando Teo volvió de jugar con sus amigos, notó un olor delicioso en la casa. Olía a cebolla, ajo, jugo de naranja, y puerco. Su mamá ya estaba poniendo la mesa. Se sentó junto con sus papás. Su padre tomó la palabra: “Agradecemos a Cerdi por proveernos este platillo tan rico. Vivió una vida feliz y fue amado. La Pachamama nos brindó otra vez comida para sostenernos.” Con la primera mordida, Teo recordó todas las buenas memorias que tuvo con Cerdi. Y exclamó “¡qué riquísimo!” Esa noche terminó todo su plato. A la mañana siguiente, al despertar, Teo escuchó un ruidito. Venía el establo. “¿Qué?” se dijo a si mismo, “pero yo no tengo ningún animal en el establo.” Bajó las escaleras a investigar. Y allí, en la entrada del establo, estaba un cerdito bebé. Éste de color rosado, y con la cola doblada en un círculo, igual que la de Cerdi. Teo abrió la boca con sorpresa. ¿De dónde venía ese cerdito? Quizás sus padres lo habían llevado allí para sorprenderlo. Teo levantó al cerdito en sus brazos. Acarició su cabeza. “Te voy a llamar Fritada,” dijo con cariño. Y así, aunque era difícil para Teo entender el ciclo de la vida, él aprendió una lección importante. Nuestra comida viene de ese ciclo. Hay que aceptarlo, respetarlo, y valorarlo. Pero lo mejor de todo es que el ciclo de la vida puede resultar en un platillo delicioso para compartir en familia. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Tú has escuchado del ciclo de la vida? ¿Tú has criado un animal de granja? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz… Guau! Gracias por enviar los saludos Arik e Inara. Me da mucho gusto saber que mis cuentos viajan hasta sus oídos. Espero que sigan escuchando y soñando despiertos con las historias. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!