¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tú eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un robo. El robo tuvo lugar a plena luz del día. El ladrón no se tapaba la cara. Era un hombre blanco, con arrugas en la frente. Tenía un bigote tan largo que caía en rizos hasta su pecho. “Ahora estas joyas me pertenecen a mí,” gruñía, mientras robaba las joyas de todo un país. Guardó su botín en cincuenta canastos, los subió a un barco, y cruzó el mundo con ellos. Su robo no fue descubierto hasta años después. Pero, ¿quién fue ese ladrón? Y ¿qué robó? What did he steal? La historia comienza a finales del siglo diecinueve. Un hombre de Inglaterra, llamado Henry Wickham, cruzó el mar atlántico para llegar a las américas. Su plan era explotar los recursos de su nuevo hogar. Recolectaba plumas de aves exóticas para vender, intentaba armar una finca para vivir de la tierra. Trabajaba de día y de noche, de noche y de día, pero nunca tuvo éxito. Un día, cuando Henry estuvo en la selva amazónica, notó algo extraño. Vió personas entrando en la selva con baldes vacíos, y un tiempo después, saliendo con los baldes llenos de un líquido blanco. “Hmmm,” pensaba Henry. “Dónde están recolectando ese líquido… y ¿qué es?” De pronto, Henry aprendió que ese líquido se llamaba caucho, y era muy valioso. Se usaba para hacer muchos productos: llantas, zapatos, y más. El caucho sólo se producía en la selva amazónica, con árboles especiales. “Solo necesito saber de dónde lo están sacando. ¡Si los planto yo, voy a ser rico!” le contó Henry a su esposa, mientras dió un golpe a la mesa. Entonces esa noche, armó un plan. No compartió con nadie lo que iba a hacer. He didn’t tell anybody what he was going to do. Al día siguiente, se despertó temprano, cuando aún estaba oscuro. Se quedó agachado a un lado de un arbusto en la selva, esperando. Vio como el cielo cambiaba de negro en azul con la llegada del sol. Por fin, vió a un niño indígena entrando la selva con su balde vacío. Comenzó a seguirlo, sigilosamente. Lo siguió hasta que llegó a un árbol grande, con hojas verdes oscuras. En el tronco del árbol, había un líquido blanco saliendo a gotas. Parecía que el árbol estaba llorando leche. “¡Eso es!” susurró Henry a sí mismo. “Encontré los árboles del caucho.” Pero fue en ese momento cuando Henry pisó una rama seca. *crunch* Hubo un silencio. Henry levantó la cabeza, y justo en frente de él estaba el niño, viéndolo a los ojos. El niño era bajito, con la piel oscura como el ámbar. Tenía unos ojos en forma de almendra, de color café. No llevaba ropa, solo un taparrabos. “¿Quién eres? ¿Por qué me estás siguiendo?” preguntó el niño, inclinando la cabeza hacía un lado. “Ooh, uhh, me llamo Henry,” tartamudeó Henry, “Qui-quise saber a dónde ibas con ese balde.” El niño lo miró fijamente, entrecerrando sus ojos. “Algo es raro aquí,” pensó a sí mismo. Pero Henry no le dió tiempo para contestar, se fue caminando de regreso a su casa. He went walking home. Cuando Henry llegó, tomó un respiro profundo. “Uf, eso estuvo cerca,” le comentó a su esposa. Como ahora sabía en dónde estaban los árboles, Henry comenzó con su plan de robarlos. Era un plan ingenioso. Un plan creativo. Un plan malvado. Pero aquí voy a pausar el cuento. Niños, ¿cómo creen que es posible que un hombre robe árboles de la selva? ¿Tienen alguna idea? … Bueno, Henry no robó los árboles sacándolos de la tierra, sino robó sus semillas. Su plan era robar las semillas, llevarlas a Europa, y plantarlas allá. Así podría criar sus propios árboles de caucho. Entonces, al día siguiente, Henry regresó al árbol de caucho, y dio vueltas por alrededor, recolectando semillas y guardandolas en cincuenta canastos. Al final del día, su esposa le estaba esperando cuando llegó a casa. “¿Cómo te fue?” le preguntó. Henry sonrió de oreja a oreja. Mostrando sus dientes chuecos y amarillos. No tuvo que decir ninguna palabra para contestar. Había tenido éxito. Solo había un pequeño problema. Henry tenía que cruzar la frontera con sus canastos de semillas. Y en la frontera, hay policía especial que busca a personas que han robado. Unos días después, Henry ya estaba en la costa, intentando subir a un barco con sus cincuenta canastos. Pero justo como temía, un policía lo detuvo. El policía era bajo, tenía un bigote negro, y llevaba un uniforme verde. Apretó los labios y levantó las cejas cuando vio los canastos de Henry. “¿Qué tienes allí en esos canastos?” le preguntó el policía. Henry comenzó a sudar. Se metió las dos manos en sus bolsillos para no temblar. “Solo son plantas para estudiar,” dijo Henry, mientras se quitó el sudor de su frente con su brazo. El policía se acercó a un canasto. Se agachó, y cuando extendió la mano para abrirlo, Henry gritó “¡no lo abras por favor! Son plantas muy delicadas. Si lo abres los puedes dañar!” El policía retiró la mano. Asintió con la cabeza, y señaló con la mano que Henry podía pasar. Al subir el barco con sus canastos, Henry levantó sus dos manos al aire, y exclamó “¡lo hice! ¡Lo hice!” Y era verdad, Henry había robado una de las cosas más valiosas de Brasil, los árboles que producen el caucho. Lo hizo a plena luz del día, y nadie lo detuvo. Unos años después, el niño indígena estaba caminando por su pueblo. Y allí, en un poste en la calle, vio un letrero con la cara de Henry. En el letrero estaba escrito “Se busca por robo de semillas.” El niño quedó boquiabierto al ver el letrero. Fue el mismo hombre que le había seguido en la selva esa mañana. Siempre supo que era un hombre raro, ¡pero no se había dado cuenta de que era ladrón! No había nada que pudiera hacer, pues la semillas ya estaban robadas. Henry nunca regresó a Brasil. Durante los siguientes años, las semillas que robó fueron plantadas en muchos países: India, China, Filipinas, entre otros. Con más árboles en el mundo, la amazonía dejó de ser el único lugar con caucho, y perdió su control del mercado. Hoy en día es más fácil conseguir el caucho por el robo de Henry. Para él su plan fue ingenioso, pero para la amazonía era uno de los peores robos de la historia. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Crees que lo que hizo Henry era correcto? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz… Guau! Gracias por enviar el saludo Luis Mario. Espero que hayas disfrutado la navidad y el año nuevo con tu familia. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. 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