¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tú eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña de 6 años llamada Valentina. Ella vivía con su papá en los Estados Unidos, en el estado de Oregon. Valentina tenía el cabello rubio como el oro, ojos azules claros, y una sonrisa tan brillante que podría iluminar hasta la noche más oscura. Un día, Valentina amaneció temprano, se sentó en su cama, y sonrió. “¡Hoy es el día!” exclamó. Sue fue caminando hacía la habitación de su papá, quien estaba dormido todavía. “Papi wakey wakey,” dijo Valentina, “es hora de despertar.” Su papá dió una vuelta en la cama y se frotó los ojos. “¿Qué hora es?” preguntó, mientras abrió la boca tan grande como un tiburón. *bostezar* “Hora de ir por el árbol de navidad,” contestó Valentina. El papá de Valentina le había prometido que el sábado justo antes de la navidad, iban a buscar un árbol. Valentina estuvo esperando ese día desde que inició el mes de diciembre, y por fin, llegó. “Ponte un abrigo calientito, vamos a una granja de árboles,” dijo su papá, bajando de la cama. “¿Una granja?” preguntó Valentina, “¿como de vacas y cerdos?” Like with cows and pigs? “No es una granja así, ya verás,” le dijo su papá. Los ojos de Valentina brillaban de emoción. ¿Qué tipo de gran podría ser? pensó. Los dos se vistieron con mucha ropa, se pusieron sus abrigos, y se metieron al auto. En el camino, escuchaban sus canciones navideñas favoritas: Feliz Navidad, Mi Burrito Sabanero, y Los Peces en el Río. Al acercarse a la entrada de la granja, Valentina vió filas y filas de árboles navideños, plantados en líneas rectas. Algunos eran bajos, otros altos. Y algunos eran el tocón nada más, ya cortados. Valentia vió a su papá y le preguntó, “¿es una granja navideña?” Is it a Christmas farm? Su papá sonrió, y le explicó que ese año, en vez de comprar un árbol en la tienda, venían a esta granja especial, donde los granjeros crían árboles de navidad en vez de animales. “¿Podemos escoger el que queramos?” le preguntó Valentina a su papá. “Sí,” contestó su papá, “pero tiene que caber en nuestra sala.” Entonces, Valentina y su papá bajaron del auto, agarraron una sierra, y fueron caminando entre los árboles. Era un día soleado, pero muy frío. Valentina pudo ver su aliento salir de su boca como el vapor de un tren. Se metió las manos a los bolsillos de su chaqueta rosada. Con tanto frío se sintió como Elsa de Frozen y comenzó a tararear Libre Soy a sí misma. *tararear* De repente gritó, “Papi, papi, mira ese árbol.” Apuntó hacía uno enorme, con ramas gruesas. “Ese no va a caber en nuestra sala,” le explicó su papá. “Hay que buscar un árbol de mi altura.” Los dos continuaron caminando. Parecía que estaban solos allí en la granja. Solo escuchaban el canto de los pájaros y el sonido de sus botas pisando la tierra. De nuevo, Valentina exclamó “¡ese de allí papi!” Era un árbol del tamaño de su papá, de un color verde oscuro. Los dos se acercaron al árbol. “Sí, este de aquí papi por favor,” dijo Valentina. “Está bien,” respondió su papá “a mi también me gusta.” Entonces, su papá se agachó, agarró la sierra, y empezó a cortar el árbol por el tronco. Fue en ese momento cuando Valentina se dio cuenta de algo. ¿Qué tal si hay pájaros viviendo en este árbol? pensó. Levantó su vista para revisar el árbol. Cuando vió un grupo de ramitas organizadas en un círculo se quedó atónita. Era un nidito de pájaros. “¡ESPERAAAA!” gritó Valentina, señalando con su mano hacía el nido. Su papá se quedó boquiabierto. “Que bueno que lo viste,” dijo su papá. Él se acercó al nido, lo levantó cuidadosamente, y lo bajó. Estaba vacío. “Supongo que ya nacieron los pajaritos,” dijo Valentina. Su papá colocó el nido en otro árbol, y regresó al que estaba cortando. Mientras terminaba de cortarlo, Valentina vigilaba por más nidos u otros animales que podrían estar en su árbol, pero no había nada más. Con un último movimiento de la sierra, cayó el árbol navideño. Valentina sonrió grande, mostrando todos sus dientes blancos. Esa noche, ella y su papá colocaron el árbol en su sala. Llenaba su casa de un olor fresco, de naturaleza. Un olor indudablemente navideño. “Hora de decorar,” le dijo Valentina a su papá. Su papá le guiñó un ojo. Los dos decoraron el árbol, colgando luces, esferas, adornos de princesas de Valentina, y unos adornos que su papá había comprado hace muchos años. Mientras decoraban, su papá le explicó que en muchos países de latinoamérica, no existen granjas de árboles de navidad, entonces las familias compran árboles de plástico en las tiendas. Además, en sudamérica, donde creció él, hace mucho calor durante la navidad porque es verano. Valentina lo vió con una cara sorprendida. Ella siempre había pensado que hacía frío en todo el mundo durante la navidad. Cuando se acostó a dormir esa noche, Valentina sintió mucho orgullo por cómo quedó el árbol. Ella misma lo había escogido en la granja. El esfuerzo de su papá lo había bajado, y en el proceso, Valentina salvó el nido de un pajarito. Desde ese día en adelante, Valentina decidió que cortar su propio árbol era una parte esencial de celebrar la navidad en Oregon. Vivir en un lugar tan boscoso era algo especial, y era una oportunidad perfecta para pasar tiempo al aire libre con su papá. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Cómo es el árbol en tu casa? ¿Hace calor o frío donde celebras la navidad? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz… Guau! Gracias por enviar el saludo Jose María. Tú también eres muy valiente por escuchar las dos partes del cuento del Chupacabras. Espero que tengas una feliz navidad. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!