¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tú eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Estoy pensando en una fruta. Esta fruta es larga, hay que pelarla, y tiene un color amarillo cuando está lista para comer. ¿Saben a cuál fruta me refiero? ¡Sí! Un banano. Hoy vamos a hablar de los bananos, o como dicen en otros países, bananas. Vamos a hablar de un banano específico, que ahora mismo se encuentra en la cocina de un niño llamado Antonio. Antonio tiene diez años y vive con su familia en la provincia de Limón, Costa Rica. Tiene el cabello corto, y rizado. Es aficionado del fútbol, y suele llevar la camiseta de su equipo favorito: Deportivo Saprissa. Cada mañana Antonio camina a su cocina donde encuentra el frutero en medio de la mesa. La mamá de Antonio lo mantiene lleno con sus frutas preferidas: mangos, guayabas, mameyes, y bananos. Pero una mañana, Antonio se despertó muy temprano. Escuchó su estómago rugir. Estaba oscuro y los gallos aún no habían cantado. Revisó el reloj al lado de su cama. Eran las seis de la mañana. It was six in the morning. Caminó, arrastrando sus pies, a la cocina. Se sentó en la mesa, y cuando estuvo a punto de extender la mano para agarrar una fruta, se quedó somnoliento. Sus ojos se fijaron en el frutero mientras sus párpados se cerraron a la mitad. Y allí comenzó a tener un sueño. ***sonido entrando un sueño*** Vio un banano amarillo en el frutero, rodeado de los otros bananos en el racimo. De repente, el banano abrió sus ojos, y preguntó “Antonio, ¿me vas a comer?” La boca de Antonio se abrió, pero no pudo responder, tal era su sorpresa al escuchar un banano hablar. “Disculpa,” dijo el banano “no me ignores.” “P-p-perdón,” tartamudeó Antonio. “Es que nunca he hablado con un banano. Bueno sí, sí te voy a comer, si no te molesta.” El banano sonrió de punto a punto. “¡No me molesta para nada! Estoy lleno de vitaminas nutritivas. Pero antes de comerme, ¿quieres saber de mi vida?” Antonio asintió con la cabeza, “claro,” dijo. En ese instante la mamá de Antonio entró en la cocina, y la cara del banano desapareció. “Antonio ¿qué haces?” dijo su mamá, “te quedaste dormido en la mesa.” Antonio sacudió la cabeza para despertarse. Se fijó en el frutero, y allí estaba el racimo de bananos de su sueño. “Mamá acabo de soñar que un banano me estaba hablando. Me iba a contar de su vida.” La mamá de Antonio frunció el ceño y después comenzó a reír. “La vida de un banano. Ay caray, las cosas en que piensas. Bueno ponte a comer, pronto te vas a la escuela,” dijo. Antonio decidió comer un mango. No quería comer el banano sin antes aprender de su vida. He didn't want to eat the banana before learning about its life. Toda esa mañana Antonio se quedó pensando en su sueño. Estaba curioso sobre la vida del banano. ¿De dónde venía? ¿Cómo llegó a su casa? Entonces, cuando volvió a su casa, la primera cosa que hizo fue preguntarle a su mamá si ella tenía respuestas a sus preguntas. Su mamá le contestó, “Sé que los bananos vienen de los árboles, pero si quieres saber más, pregunta a tu tío Pancho. Él trabaja en una plantación de bananos.” Antonio sabía que su tío Pancho vivía a una cuadra. Entonces, echó un vistazo al banano en el frutero, le guiñó un ojo, y salió en busca de su tío. Al encontrarlo, Antonio le contó sobre su sueño, el banano que habló, y su deseo de saber más sobre la vida de un banano. Su tío lo escuchó atentamente, sus dos ojos verdes fijados en su sobrino. Levantó sus cejas varias veces, revelando un mar de arrugas en su frente. Cuando Antonio terminó su cuento, Pancho comenzó a reírse a carcajadas. “¡Tengo años trabajando con los bananos, pero jamás me ha hablado uno!” dijo entre risas. Antonio no pudo resistir reírse también. Antonio couldn't help but laugh. Entonces, Pancho sacó una hoja de papel y un lapicero. Con su mano grande y callosa comenzó a dibujar. Primero dibujó un árbol pequeño. “Todo empieza cuando plantamos el árbol bananero. Hay que cuidarlo, regarlo y agregarle fertilizante para que crezca bien.” Después dibujó un árbol grande, con muchos racimos de bananos en él. Su tío le explicó que cuando los bananos están listos, un grupo de hombres y mujeres llegan a cortarlos con un machete. “Pero cargar bananos es muy pesado, así que los colocamos sobre nuestros hombros.” Dibujó una persona con un racimo enorme de bananos sobre su hombro. “Después tenemos que lavarlos,” explicó Pancho, “pero no los cargamos todo el camino.” Dibujó una línea cruzando toda la página. Le explicó que la línea era un cable que cruza la plantación. Los hombres cuelgan los bananos en el cable y los jalan para llevarlos a lavar. Los ojos de Antonio se abrieron de par en par. “¡Es como una tirolesa de bananos!” exclamó. Pancho se rió, y asintió con la cabeza. En la última parte blanca de la hoja, Pancho dibujó una caja. “Y por fin, los empacamos para enviarlos a los supermercados.” Antonio se quedó muy feliz. Ahora sabía más de la vida del banano en su frutero. “Me parece que tienes un trabajo muy divertido. ¡Y ganas dinero haciéndolo!,” dijo Antonio a su tío Pancho. Pancho sonrió, “Antonio, el dinero cuesta trabajo. Las arrugas que tengo en la frente muestran el sacrificio y esfuerzo durante muchos años bajo el sol.” Antonio asintió con la cabeza para mostrar que entendió. Esa tarde, cuando Antonio regresó a su casa, fue directo a la cocina. Metió la mano en el frutero, y sacó el banano. La misma que le había hablado en su sueño. “Ahora sé de dónde vienes,” susurró al banano, y le dió una mordida. Mientras disfrutaba de su banano, Antonio pensaba en todo el proceso que le había contado su tío Pancho. Desde regar los árboles, cargar los bananos en el hombro y hasta empacarlos. A partir de ese día, Antonio supo más del trabajo de su tío y los agricultores. Aprendió a apreciar más la comida. No viene de la nada, sino de mucho esfuerzo y trabajo bajo el sol. Para Antonio, los bananos ahora se ven diferentes. Ahora se ven como rayitos del sol en su frutero. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Qué tipos de frutas te gustan comer? ¿Cómo se llaman los bananos en tu país? Los bananos se producen en muchos países de latinoamérica, especialmente en Brasil, Ecuador, Colombia y Guatemala. Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz… Guau! Gracias por enviar los saludos Matilda y Agustina. Me da mucho gusto recibir sus saludos. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. No olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!