¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tú eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una isla en medio del mar caribe. Esa isla tenía la forma de un cocodrilo nadando por el mar, bañándose en el sol tropical. La isla se llamaba Cuba. En Cuba, vivían tres niños. Dos de ellos eran hermanos: Juan y Rodrigo. El tercer niño también se llamaba Juan. Un día, Rodrigo llegó con los dos Juanes, y les dijo “mi papá me dijo que necesitamos ir a recolectar sal en la costa. Y que podemos usar su canoa para buscarla.” Al escuchar eso, los ojos de los dos Juanes brillaban de alegría. Para ellos, ir en busca de sal parecía mucho más divertido que quedarse en su aldea. Entonces, los tres partieron por la playa. So the three left for the beach. Mientras caminaban, el cielo comenzó a llenarse de nubes oscuras. Las nubes formaban una mano, que se abría hasta cubrir todo el cielo. “Oh oh,” dijo Rodrigo al ver hacía arriba. “Olvidé que es temporada de huracanes...” Los tres niños se miraron, nerviosos. Sabían que los huracanes, tormentas enormes, llegaban a Cuba con vientos fuertes y lluvias torrenciales. Cuando llegaron a la playa, las olas del mar chocaban con la arena con furia. No cabía duda: Rodrigo, Juan y Juan, iban a tener que esperar para su aventura. Los tres se acurrucaron bajo una palmera cuando comenzó a llover. Rodrigo calmó a los tres repitiendo el refrán que siempre decía su papá, “después de la tormenta viene la calma. Después de la tormenta viene la calma.” Sus palabras surtieron efecto, y los tres alcanzaron descansar. A la mañana siguiente, el cielo se había despejado. El sol iluminaba un mar tranquilo de color azul turquesa. De hecho, el mar estaba tan calmo que parecía una mesa, plano y sin ola alguna. “¡Es un día perfecto para navegar!” exclamó Rodrigo. Entonces, los tres se metieron a la canoa, y comenzaron a remar. Iban rápido, emocionados de estar sobre el agua. Pero fue en ese momento cuando Rodrigo vio algo, y preguntó “¿qué es eso?” What is that? Extendió su mano, señalando algo de color blanco flotanto en el agua. Juan, el hermano de Rodrigo, le contestó primero, “creo que es un pájaro, hermano.” El otro Juan dijo “no, yo creo que es una rama. Hay que acercarnos para ver mejor.” Los tres remaron cuidadosamente hacía el objeto. Cuando se acercaron, se dieron cuenta de que no era un pájaro, sino una pequeña estatua de una mujer. Ella llevaba una corona de color oro, un manto y un vestido. En una mano cargaba una cruz, y en sus brazos un bebé. “¡Guau mira! Hay que sacarla del agua,” exclamó Rodrigo. Uno de los niños quitó su sombrero y lo usó para sacarla del agua. La estatua estaba parada sobre una tabla de madera, y en esa tabla, en letras muy grandes decía, “Yo soy la Virgen de la Caridad.” Los tres leyeron las letras al mismo tiempo, y entendieron que la estatua era algo muy muy especial. Y que el bebé que cargaba en su manos no era cualquier bebé, sino bebé Jesús. It was baby Jesus. Hubo un silencio en la canoa. Los niños estaban asombrados. No sabían qué decir. Hasta que Rodrigo notó algo más. “¡Mira, su ropa no está mojada! ¡Anoche llovió a cántaros y ella aún está seca! Esto es un milagro.” Era verdad, la ropa de la estatua estaba completamente seca. En vez de continuar con su aventura buscando sal, Rodrigo, Juan y Juan tomaron la decisión de regresar de inmediato a su comunidad con La Virgen de la Caridad. La cuidaban con mucha atención en el camino para que la pequeña estatua no se dañara. Al llegar a casa, Rodrigo gritó, “¡papá papá, mira lo que encontramos en el agua!” Al escuchar las noticias, toda la comunidad salió a ver La Virgen de la Caridad. “¡Qué milagro!” exclamaron unos. “¡Es una señal de dios!” gritaron otros. Algunos se pusieron a trabajar, construyendo un altar para ella. Usaron ramas, hojas y flores - todo lo que tenían para honrarla. Mientras la comunidad celebraba a la Virgen, los tres niños observaban muy felices. Ellos habían encontrado un milagro en el agua. Se chocaron los puños entre ellos. Pero un tiempo después, algo extraño pasó. Una noche, Rodrigo decidió visitar a la Virgen en su altar. Cuando llegó, levantó su cara para verla, pero no vio su figura. Entrecerró sus ojos para ver mejor bajo la luz de la luna, pero no estaba. Abrió sus ojos de par en par, con el temor de que alguien la hubiera robado. Volvió corriendo a su pueblo gritando “¡se desapareció La Virgen! ¡Se desapareció!” Rodrigo, junto con otros compañeros la buscaron durante toda la noche. La buscaron en las calles, en plaza, hasta en el bosque. They looked in the streets, the plaza, even the forest. Al amanecer, todos estaban cansados de tanto buscar. “Ya no puedo más,” se quejó Rodrigo. Fue en ese momento cuando Rodrigo regresó al altar. Esta vez, cuando levantó su cabeza, La Virgen estaba allí, en su lugar normal. Nadie lo podía creer. Ella había desaparecido durante la noche, y regresado en la mañana. ¡Y durante todo ese tiempo la puerta de la ermita estaba cerrada! Era un misterio, pero los aldeanos decidieron que ella se había ido sola porque no estaba feliz en su altar. Entonces, construyeron otro altar para La Virgen, pero esta vez sobre la cima de una montaña. Un lugar hermoso y pacífico para que se sintiera más feliz. Desde entonces, La Virgen de la Caridad ha sido una parte importante de la cultura de Cuba y de la religión católica. Ella fue declarada patrona de Cuba en 1916. Cubanos de todas partes del mundo, desde Cuba hasta Moscú, celebran La Virgen. Y los tres niños que la descubrieron, Rodrigo, Juan y Juan, también son celebrados por su parte del milagro. El milagro de La Virgen de la Caridad. Un milagro Cubano. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? La Virgen de la Caridad no es la única patrona en latinoamérica. Hay otras como La Virgen de Guadalupe en México, y La Virgen de Luján en Argentina. Cuéntame en los comentarios que piensan del cuento. Si te gustó califícame con cinco estrellas. No recibimos ningún saludo esta semana, pero si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!