¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña de diez años llamada Nicole. Ella vivía con su mamá en la ciudad de Iquitos, Perú. Iquitos es una ciudad especial, en medio de la selva amazónica. No puedes llegar allí manejando, pues Iquitos no tiene caminos que conecten con el resto del mundo. Solo puedes llegar por bote o por avión. En Iquitos, Nicole asistía a la escuela primaria con su mejor amiga Verónica. El tema favorito de las dos niñas era ciencias sociales, donde aprendían sobre las personas de hoy, y del pasado. Un día, el maestro de las niñas hizo un anuncio interesante: “Clase, hace más de cien años, Iquitos fue una de las ciudades más ricas de Sudamérica. Hoy no es así, pero aún se pueden encontrar pistas de esa riqueza dentro de la ciudad. Para su tarea este fin de semana, quiero que tomen una selfie en frente de una pista de esa riqueza pasada.” Nicole y Verónica se veían la una a la otra, sonriendo. Nicole and Veronica looked at each other, smiling. “Amiga,” susurró Nicole, “buscamos la pista juntas, ¿sí?” Verónica asintió con la cabeza. Cuando terminó la escuela, las dos niñas caminaron juntas hacía sus casas. “¿Crees que hay algún tesoro escondido?” preguntó Verónica. “¡Yo creo que es una estatua de oro!”, contestó Nicole. Las dos imaginaron las pistas de riqueza todo el camino a casa. Esa noche, Nicole le contó a su mamá sobre la tarea y su plan de hacerla con Verónica. Le preguntó si podía acompañarlas el día siguiente en su búsqueda de pistas. “Sí claro. Será divertido explorar la ciudad con ustedes,” contestó su mamá. Entonces, antes de dormir, Nicole alistó una mochila de las cosas que necesitaba para la búsqueda. Binoculares, una lupa, su cuaderno favorito de unicornios, y unas meriendas. A la mañana siguiente, Nicole despertó a su mamá temprano, tocándole la puerta *tok tok* “Mamá, Veronica está aquí. ¿Lista para irnos?” Ready to go? “Si, ya voy,” contestó, mientras bostezaba. Las tres subieron a un mototaxi para ir al centro de la ciudad. En el camino, vieron casas construidas sobre pilotes. Parecían estar flotando en el aire. Las niñas observaban con los ojos abiertos de par en par. La mamá de Nicole, al ver a las niñas asombradas, les explicó, “Las construyen así porque hay inundaciones. Con la casa levantada al aire, el agua no la moja.” Fue en ese momento cuando llegaron al Mercado Belén, el mercado más famoso de Iquitos. Todas bajaron del mototaxi. “¡Estoy segura que la pista va a estar aquí en el mercado!” exclamó Nicole. Caminando por los puestos, las niñas observaban muchos tipos de comida. Algunos comunes, como pollo, y puerco. Pero otros únicos, como el pez carachama, que parece un extraterrestre de color negro. También vieron personas comiendo suris, un tipo de bicho que parece un gusano gordo. Nicole inspeccionaba los suris bajo su lupa, fascinada. Aunque sí encontraban muchas cosas interesantes en el mercado, aún no habían encontrado ninguna pista de la riqueza pasada. Entonces, siguieron caminando por el centro. Nicole sacó sus binoculares de su mochila y echó un vistazo a su alrededor. En la distancia, vió algo brillar. “¿Qué es eso?” preguntó Nicole. Verónica entrecerró sus ojos para ver mejor, y contestó “No sé, pero si brilla así debe ser algo importante. Hay que acercarnos.” Entonces las tres fueron caminando hacía el brillo. Cuando se acercaron, se dieron cuenta que era un edificio. Pero no era un edificio normal hecho de madera o ladrillos. No. Era un edificio hecho de metal. Las niñas inclinaron sus cabezas, confundidas. The girls tilted their heads, confused. “¿Qué es eso mamá?” preguntó Nicole. “Se llama La Casa de Fierro,” dijo su mamá. “Brilla así porque está hecha de puro fierro.” Las niñas se miraron la una a la otra, y después vieron a la mamá de Nicole. “¿Es esa la pista de la riqueza mamá?” preguntó Nicole. “Nunca he visto nada así aquí en la selva.” Su mamá asintió con la cabeza. Nicole y Verónica chocaron los cinco. “¡La encontramos!” exclamaron. La mamá de Nicole sonrió, y les explicó que hace muchos años un hombre rico había traído todo ese fierro a Iquitos para construir una casa. Lo pudo hacer porque ganaba mucho dinero. Esa casa era una pista de la riqueza pasada. “Pero mamá”, preguntó Nicole, “¿cómo ganaron tanto dinero aquí en la selva?” “Muy buena pregunta.” contestó su mamá. “Fue por el caucho.” Las niñas fruncieron el ceño. “El caucho” susurró Verónica, “¿pero qué es eso?” La mamá de Nicole les contó que el caucho es un material que viene de los árboles, y que lo usan para producir zapatos, llantas, y muchas cosas más. Hace cien años, era muy difícil conseguirlo, por eso las personas que lo sacaron de los árboles pudieron venderlo por mucho dinero. “Y en la selva amazónica existen muchos árboles que producen el caucho” terminó la mamá de Nicole, “Guau,” dijo Nicole, fascinada. “Que chévere. No lo sabía. Oye mamá ¿me prestas tu celular para tomarnos una selfie?” Nicole recibió el celular de su mamá, abrió la cámara y la apuntó hacía ella y Verónica. “A la cuenta de tres di Iquitos,” dijo Nicole. “Uno, dos, tres… ¡Iquitos!” Las niñas se rieron mientras tomaron fotos. Aunque la época del caucho ha pasado, la ciudad de Iquitos sigue siendo rica de otra forma. Sus costumbres, como las casas construidas arriba de la tierra, y su gastronomía selvática, la hacen una de las ciudades con mayor riqueza cultural del mundo. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Tú comerías un bicho, como un suri? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz! Guau! Gracias por enviar el saludo desde Canadá Natalia. Saludos a ti y a tus hermanos. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!