¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña de diez años llamada Madelyne. Ella era delgada, tenía el cabello oscuro y rizado, y dos hoyuelos en los cachetes. Ella vivía con sus papás y sus hermanos, en una granja en el pueblo de Canóvanas, Puerto Rico. En la granja, la familia de Madelyne tenía muchos animales: vacas, cerdos, gallinas y cabras. La habitación de Madelyn estaba justo arriba del gallinero y el establo de las cabras. Her room was right above the chicken coop and goat stable. A Madelyne le encantaba despertarse temprano, al primer canto de los gallos, para dar de comer a las gallinas y a las cabras. Cuando ella se acercaba al gallinero, las gallinas mostraban su emoción cacareando. Sabían que Madelyne les iba a dar su desayuno. *buk buk buk* Cuando Madelyne se acercaba a las cabras ellas balaban emocionadas *balar* *balar* La vida en la granja era perfecta para Madelyne. Ella disfrutaba de cada momento al aire libre con sus animales y su familia. Hasta que un día, pasó algo completamente inesperado. Algo aterrador. Una mañana, Madelyn se levantó a la hora en que siempre lo hacía. Había tenido una pesadilla durante la noche. En su sueño un animal le gruñía. Pero al despertar, no lo volvió a pensar. Decidió seguir con su rutina habitual. Esa mañana se dió cuenta de que algo extraño estaba pasando. Los gallos aún no habían cantado. “¿Tal vez se olvidaron?” se preguntó a sí misma, mientras se rascaba la cabeza. Estaba confundida. Se puso los zapatos y salió al gallinero. Allí encontró a todas las gallinas, aún escondidas en sus cubetas, temblando. Tenían las plumas desordenadas, como si no hubieran descansado ni pío. “¿Qué les habrá pasado?” se preguntó Madelyn con preocupación. Cuando ella les sirvió su comida, las gallinas salieron de sus cubetas una por una, pero no comieron casi nada. Parecía que tenían miedo. “Ojalá pudieran hablar para decirme qué les pasó. Anoche cuando fui a dormir estaba todo bien.” Algo debió haber pasado en la noche, cuando Madelyn dormía. Something must have happened at night, when Madelyn was asleep. Entonces, Madelyn continuó hacía las cabras. Cuando se acercó a su establo, tampoco escuchó sus balidos. Al llegar, Madelyn abrió la puerta del establo. Lo que vió dentro la dejó perpleja. Los ojos de Madelyn se abrieron de par en par. Casi se desmaya por el susto. Allí en frente de ella, encontró tres de sus cabras, muertas, todas con dos puntitos rojos en el cuello. Las demás cabras estaban juntas en la esquina del establo, temblando de terror al igual que las gallinas. Madelyn soltó la comida que les iba a dar, y dejando la puerta del establo abierta se fue corriendo a su casa. “¡Mamá, papá, mamá, papá, algo mató a las cabras! ¡Vengan vengan!” Sus padres pensaban que se trataba de una broma de mal gusto. “Hoy no es el día de los inocentes, Madelyn. No nos hagas perder el tiempo,” respondió su papá. Pero su madre, al ver los ojos asustadizos de su hija, sabía que no se trataba de una broma. Madelyn agarró a sus padres de las manos y los tres se dirigieron al establo. Los demás hermanos, escépticos ante la situación, decidieron ir tras ellos. Una vez llegaron al establo, todos se miraron perplejos. No podían creer lo que estaba ocurriendo. They couldn't believe what was happening. “Quédense aquí” dijo su papá mientras él entraba el establo y se agachaba junto a una de las cabras que yacía tirada en la tierra. “Hmm que extraño” susurró su papá. “En los veinte años viviendo aquí esto nunca había pasado.” Él extendió sus dos dedos y tocó las dos heridas de la cabra que estaba muerta, dió vuelta a su mano para revisar. “Estas heridas no tienen sangre. Parece que algo chupó toda la sangre de sus cuerpos. Como un vampiro. ¿De qué se trata esto? Madelyn abrazó fuerte a su mamá, imaginando un vampiro. Se sintió triste por haber perdido tres cabras, pero al mismo tiempo estaba determinada a resolver ese misterio. Mientras abrazaba a su mamá, repasó todos los hechos de la noche anterior en su mente. “Antes de dormir aseguré las puertas del gallinero y del establo. Todo estaba en orden. Después me fui a dormir… tuve una pesadilla.” Allí ella pausó, y exclamó en voz alta “¡mi pesadilla!” My nightmare! Toda la familia la vió, con las cejas levantadas, estaban sorprendidos. Madelyn les explicó que durante la noche ella había soñado con un animal que gruñía. “Tal vez no fue un sueño. ¡Tal vez un animal estaba gruñendo de verdad, y pensé que se trataba de un simple sueño!” Madelyn prometió a su familia que esa noche iba a quedarse despierta, vigilando el establo de las cabras desde su ventana. “Está bien” dijo su papá, “pero si ves algo, no vayas a salir sola. Despiértame a mí.” Madelyn asintió con la cabeza. Esa tarde, después de enterrar a las cabras, Madelyn preparó todo que iba necesitar para su noche de vigilancia: binoculares, una linterna, un silbato, y muchas meriendas. Mientras su familia se acostaba, Madelyn se quedó despierta, sentada en la ventana de su habitación, mirando hacía el establo de cabras. “Te voy a cachar,” se susurró a sí misma, determinada. “Ningún animal tiene derecho a chupar la sangre de mis cabras.” Fue en ese momento cuando ella nombró al animal misterioso: el chupacabra. En el próximo cuento, continuaremos el cuento de Madelyne y el chupacabra. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Qué crees que va a pasar? Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!