¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez un niño de cinco años llamado Horacio. Él tenía la piel negra, los ojos color café, y llevaba siempre consigo un par de lentes para ver. Horacio vivía con su papá en la ciudad de Puerto Cabezas, Nicaragua. Puerto Cabezas está ubicada en la costa caribeña. Tiene un clima tropical, playas arenosas, y muchas aves tales como gaviotas y pelícanos. Las personas de Puerto Cabezas dedican su tiempo a trabajos relacionados con el mar. Pescan, preparan mariscos, y reparan botes y barcos. Cuando Horacio habló por primera vez, su primera palabra era “pez”. La repetía desde su cuna mientras pateaba las piernas “pez, pez, pez.” El papá de Horacio era pescador. Se levantaba cada mañana muy temprano, cuando el agua del mar aún reflejaba las estrellas en el cielo. En medio de la oscuridad su padre se montaba a su pequeño bote, siempre llevando consigo sus hilos de pesca, sus anzuelos, y el almuerzo que se había preparado la noche anterior. Una madrugada, mientras se preparaba para salir, Horacio salió corriendo detrás de su papá, y agarrándolo de su camisa le preguntó, “Papi, ¿puedo ir a pescar contigo hoy?” A lo que su papá contestó, “Solo tienes cinco años Horacio. Tal vez cuando estés más grande.” “Papá, papá, mañana seré más grande, cumplo seis años. ¿Recuerdas?” Su padre se rió y le dijo “sí hijo, por supuesto que me acuerdo. Es tu cumpleaños.” It's your birthday. Horacio continuó, “Me habías preguntado qué quería de cumpleaños, y pues ya sé, quiero ir a pescar contigo” Su padre se sorprendió por la respuesta de su hijo. Se quedó mirándolo un rato, y al ver sus dulces ojos, se dió cuenta de que no podía negarse. “Está bien. Si realmente quieres eso, lo podemos hacer.” Horacio sonrió y volvió a la cama feliz porque sabía que al día siguiente iría de pesca con su papá. Todo ese día en el kinder se la pasó dibujando peces, botes, y pescadores como su padre. Cuando su amigo le preguntó “¿Horacio, por qué estás sonriendo tanto hoy?” Horacio contestó, “mañana voy al mar,” y señaló hacía la playa. Al día siguiente, Horacio se levantó muy temprano y encontró a su papá en la cocina guardando los almuerzos del día. Horacio sintió un movimiento en su estómago. Se dió cuenta de que estaba nervioso. Comenzó a hacerle preguntas a su papá, “¿Qué tal si no alcanzo a pescar un pez? ¿Y si me mareo? ¿Y si me caigo al agua?” What if I fall in the water? Su papá puso la mano en la cabeza de Horacio, y mientras le movió el cabello respondió “no te preocupes hijo. La pesca se trata de disfrutar: del mar, del buen clima, y de la paz.” Eso hizo sentir mejor a Horacio, pero aún estaba un poco nervioso. Una vez se montaron al bote, su papá encendió el motor, y Horacio comenzó a marearse por causa del vaivén de las olas. Era justo lo que temía. Sentía que iba a vomitar mientras se iban alejando más y más de la tierra. De repente, su papá apagó el motor del bote. Por fin, flotaban en paz, y Horacio comenzó a sentirse mejor. Su papá señaló las bolas de hilo ya preparadas con anzuelos. Horacio agarró el suyo e imitó a su papá quien había tirado su anzuelo hacía el mar, dejándolo caer hasta las profundidades. Y allí esperaron y esperaron. Padre e hijo, estaban sumidos en silencio. Hasta que Horacio no pudo aguantar más. “Papá estoy aburrido,” dijo. Su papá se sentó a su lado. “Horacio, para ser un buen pescador, necesitas una cosa muy importante.” Horacio se quedó viendo a su papá, intrigado. “Necesitas tener paciencia. El mar nos proporciona la vida, pero a veces toma su tiempo.” Horacio asintió con la cabeza para mostrar que entendía. De repente, Horacio sintió un movimiento en su hilo. Se fijó en su mano, para asegurarse de que no estaba imaginandolo. De nuevo, sintió el hilo moverse, pero esta vez fue un jalón muy fuerte, como si algo quisiera quitarle todo el hilo de su manos. “¡Papá, papá tengo un pez!” gritó Horacio, mientras se paró con emoción. Su papá le enseñó como jalar el hilo para enganchar el gancho en la boca del pez. Y poco a poco, Horacio empezó a jalar el hilo, batallando contra el pez que no quería subir a la superficie. De pronto, vieron un brillo en la superficie del agua. ¡Eran las escamas de un pez! El papá de Horacio le ayudó a subir el pez al bote, el primer pez de Horacio. Su papá tomó una foto de Horacio cargando su pez, sonriendo de oreja a oreja. “No puedo creer que lo haya logrado ,” dijo Horacio mientras admiraba su pez. Su papá le dió un fuerte abrazo para mostrar su orgullo, y le preguntó: “Horacio ¿quieres llevar el pez a casa a comerlo, o regresarlo al mar con sus amigos?” Horacio lo pensó un momento, y exclamó “¡claro que quiero comerlo!” Esa tarde, cuando llegaron a casa, el papá de Horacio frió el pez en aceite y le agregó sal, pimienta y limón, justo como a Horacio le gustaba. Los dos se sentaron en la mesa a disfrutar de la cena, recién pescada. “¡Este es el pez más rico que he probado en mi vida!” exclamó Horacio. “Es el sabor de tu esfuerzo y tu paciencia” contestó su papá sonriendo. Ese día Horacio aprendió mucho. Aprendió del mar, de la pesca, y de la paciencia. Fue un día especial con su papá que nunca iba a olvidar. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Alguna vez has pescado un pez? ¡Feliz día de los papás! Esta semana no recibimos ningún saludo, pero recibimos comentarios de Lore y su hija Sofía. Sofía dice que escucha Mágicos Mundo en el auto, y cuando se está bañando. Gracias por dejar los comentarios Lore y Sofía. Para que continúe Mágicos Mundos es importante recibir sus saludos. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!