¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez una pareja. El hombre se llamaba Tena: era fuerte, y tenía cejas negras y pobladas. La mujer se llamaba Fura: ella tenía el cabello largo y castaño, y una sonrisa tan brillante como las perlas. Fura y Tena vivían en el departamento de Boyacá, Colombia. Pero las vidas de Fura y Tena no eran normales en lo absoluto. La pareja vivía sin hambre, sin enfermedades, sin dolor y sin tristeza. De hecho, sus vidas estaban completamente llenas de felicidad y abundancia. Su dios, el dios Are, los había creado de esa manera, pero les había puesto una única condición: “pueden vivir eternamente felices, sólo si se mantienen fieles y se aman el uno al otro, sin excepción alguna.” Fura y Tena aceptaron el trato sin pensarlo dos veces. Ellos ya estaban enamorados, así que fue una decisión fácil. Iban a mantenerse fieles y amarse para siempre. They were going to be faithful, and love each other forever. Y así vivieron por muchos años. Pasaban sus días juntos, comiendo frutas y nueces, nadando en el río Magdalena, y admirando la naturaleza colombiana. En las noches se quedaban viendo las estrellas junto al fuego. Parecían tener la vida perfecta. O bueno, eso creían. Un día, todo cambió súbitamente. *Cambia de música* Ese día Fura se levantó antes de Tena, muy temprano en la mañana. Como ya estaba despierta, ella decidió caminar a recolectar leña en el bosque para sorprender a su esposo. Estaba caminando cuando de repente vió entre los árboles, una figura moverse. Fura entrecerró sus ojos, intrigada, y se acercó un poco más. Fue en ese momento cuando vió que frente a ella había un joven muy guapo. Era alto, y de una piel dorada como el sol. Pero sus ojos eran de color negro azabache. Llevaba un collar de oro, y tenía la cara pintada de colores rojo y verde. Tal fue su sorpresa al ver a ese joven que Fura soltó la pila de leña que tenía en las manos. Estaba hipnotizada. “Hola,” le dijo el joven a Fura, “¿acaso te espanté?” Pero Fura no encontraba palabras para contestarle. Se había enamorado completamente del joven. She had fallen completely in love. Por estar tan atenta al joven, no se dió cuenta de que mientras hablaban, grandes nubes oscuras se formaban en el cielo. Cuando caminaba de regreso a casa, Fura comenzó a toser *toser*. Apenas llegó decidió acostarse. Le dijo a Tena que no se sentía muy bien. Mientras conciliaba el sueño no hacía más que pensar en aquel joven. Estaba decidida a buscarlo al día siguiente. Fura había roto la única regla que le había puesto el dios Are. Se había enamorado de alguien más. Al levantarse de su siesta, sus piernas se sentían muy pesadas, y le faltaba energía. Cuando Tena entró al cuarto, Fura era irreconocible. Su piel estaba llena de arrugas, y colgaba de su cuerpo. Su cabello castaño se había tornado en gris. Y su boca estaba llena de dientes negros y amarillos. Parecía otra mujer. Al verla, Tena se quedó boquiabierto, y casi se desmaya. No fue necesario decir nada. Era evidente que ella lo había traicionado. Se había enamorado de alguien más. Los dos escucharon la voz del dios Are “sabían las consecuencias. Fura, por traicionar a Tena, te condeno a la vejez y la enfermedad eterna.” La traición fue demasiado para Tena, y se marchó de la casa, enojado y triste. Fura le suplicaba, “perdóname, no te vayas.” Pero no hubo remedio. Ese día Tena se murió de tristeza. That day, Tena died of sadness. Cuando Fura encontró su cuerpo sin vida soltó un llanto enorme que asustó a todos los pájaros. Abrazó su cuerpo fuertemente y comenzó a llorar. No paraba de llorar, y las lágrimas cayeron de sus ojos por ocho días enteros. Pero cuando las lágrimas cayeron a la tierra, se convirtieron en joyas. Las joyas eran de un color verde brillante. Unas eran verdes oscuras, otras verdes claras, pero todos tan puras que iluminaban todo su alrededor. De repente, Fura se encontró rodeada de muchísimas joyas verdes. Cuando el dios Are se dió cuenta de todo esto, sintió compasión por la pareja. Para acabar con su sufrimiento, decidió convertirlos en dos montañas majestuosas, separadas por un río. Las montañas de Fura y Tena aún se encuentran en el departamento de Boyacá, Colombia hasta la fecha. Aunque no haya sucedido de la manera en que esperaban, al final Fura y Tena sí estuvieron juntos para siempre. Las lágrimas de Fura también se encuentran allí y fueron nombradas como esmeraldas. Los humanos han encontrado esas esmeraldas justo debajo de esas dos grandes montañas. Se usan para hacer aretes, collares, y otros tipos de joyería. Las esmeraldas son el recuerdo de una historia de amor, de traición, y de los dioses. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Alguna vez has visto una esmeralda? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz ¡Guau! ¡Gracias por enviar un saludo Sahad Desiree! Que bueno que nos hagas parte de tu día. No olvides darle un gran abrazo a tu mamá. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!