¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un niño de siete años llamado Lucas. Él vivía con su papá en la ciudad de Cartagena, Colombia. Cartagena es una ciudad en la costa del mar caribe y sus playas son reconocidas por el color turquesa del agua. La ciudad tiene una muralla enorme que construyeron los españoles para protegerse de los piratas y otros atacantes. Pero a Lucas, un niño energético y curioso, le interesaba algo distinto. En vez de visitar las playas y la ciudad amurallada, él quería visitar El Aviario Nacional. Un aviario es parecido a un zoológico, pero en vez de tener animales como cebras, elefantes y monos, un aviario tiene puras aves. “Papá, ¿podemos ir al aviario este fin de semana?” le preguntó Lucas un viernes. “Sólo si terminas tus quehaceres,” contestó su papá. “Only if you finish your chores” Entonces, Lucas se puso a limpiar su habitación, dar de comer al perro, y regar las plantas tropicales que su papá tenía distribuidas por la casa. Al terminar, Lucas se sentó en frente de su papá y con una sonrisa grande anunció “¡Listo! Ya terminé” “Vale, buen trabajo,” dijo su papá. “Mañana nos vamos al aviario.” Al día siguiente, Lucas se despertó temprano y tocó la puerta de su papá dos veces para despertarlo *toc toc*. “Hoy es día de ir al aviario, papá,” dijo. Escuchó a su papá bostezar y decir ok ok. En el auto en camino al aviario, Lucas comenzó a enlistar todas las aves que quería ver: flamencos rosados, águilas, cóndores andinos, y por supuesto, guacamayos. Los guacamayos eran sus favoritos, con plumas rojas y largas, acompañadas por toques de azul, amarillo y verde. Tantos colores en una sola ave. Su entusiasmo hizo que el viaje se sintiera rápido. Llegaron al aviario tan pronto como abrió. Lucas y su papá bajaron del auto y caminaron hacía la entrada. Después de pagar los boletos, Lucas entró, dejando a su papá hablar con la guardia. Lo bueno es que Lucas no tenía que caminar muy lejos para ver a sus aves favoritas, pues la jaula de los guacamayos estaba justo en la entrada. Their cage was right at the entrance. Entonces, Lucas se acercó a la jaula, y observó la bandada de guacamayos posados en las ramas casi hasta el techo. Sus plumas brillaban en el sol de la mañana. Parecía que estaban descansando. Pero en vez de quedarse allí posados, un guacamayo voló hacía Lucas y aterrizó en las rejas de la jaula. Usó sus dos patitas y su pico para bajar poco a poco hasta llegar al mismo nivel que Lucas. En ese momento el guacamayo comenzó a cantar “¡socorro! ¡socorro! ¡socorro!” Cantaba sin cesar. Lucas se quedó atónito al escucharlo. Volteó a ver a su papá e intentó llamar su atención, sacudiendo sus manos en el aire. Pero su papá aún estaba conversando con la guardia. Lucas sabía que tenía que hacer algo, y le preguntó al guacamayo “¿qué pasó? ¿Necesitas ayuda?” El guacamayo asintió con la cabeza y comenzar a decir, “tengo hambre, tengo hambre, tengo hambre” Lucas entrecerró sus ojos y dijo “¡¿Estás loco?! Tener hambre no es una emergencia amigo. Además no te puedo dar comida. Alimentar a las aves está prohibido.” Hubo un largo silencio entre Lucas y el guacamayo. El guacamayo observó a Lucas con uno de sus ojos. Entonces, Lucas se presentó. “Me llamo Lucas.” El guacamayo le contestó, “me llamo Lucas, me llamo Lucas, me llamo Lucas.” Lucas frunció su ceño y dijo, “amigo, mi nombre es Lucas, no el tuyo.” El guacamayo contestó “no el tuyo, no el tuyo, no el tuyo.” Parecía que el guacamayo repetía todo lo que decía Lucas. Lucas escuchó los pasos de su papá acercándose, y dió la vuelta a verlo. “Papá no vas a creer lo que acaba de pasar,” le explicó a su papá. “¡Estaba hablando con un guacamayo!” Su papá se sorprendió y le dijo que quería ver cómo conversaban. Pero el guacamayo había regresado con la bandada, hasta lo alto de la jaula. Como todos estaban muy pegados, Lucas no sabía con cuál guacamayo había conversado. Bajó la cabeza, y se puso un poco triste. Quería enseñar a su papá cómo hablaba el guacamayo, pero no pudo. Decidió continuar caminando para ver las demás aves. En su recorrido, alcanzaron a ver las aves que estaban en la lista de Lucas: flamencos, águilas, y todas las demás. ¡También vieron cigüeñas, garzas y emúes! Al terminar su recorrido, Lucas estaba más feliz por haber visto tantas aves. Ya cansados, él y su papá caminaron hacía su auto. Pero justo en ese momento, Lucas escuchó a la distancia, “¡me llamo Lucas! ¡Me llamo Lucas! ¡Me llamo Lucas!” Lucas jaló la mano de su papá y le preguntó “¿escuchaste papá? el guacamayo dijo mi nombre.” Su papá quedó boquiabierto. Era verdad. No lo podía creer. He couldn’t believe it. Lucas brincó al aire con emoción. Se despidió de los guacamayos con su mano, y gritó “¡hasta pronto amigos!” Sonrió todo el camino a casa. Había sido una visita inolvidable, y de seguro iba a regresar al aviario. Estaba emocionado por haber conversado con un guacamayo loco y quería continuar la conversación en la siguiente visita. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Alguna vez has ido a un aviario, o un zoológico? ¿Sabías que los guacamayos pueden imitar palabras humanas? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz ¡Guau! ¡Gracias por enviar el saludo desde Barcelona, España Juli! Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!