¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña de ocho años llamada Guadalupe. Ella llevaba lentes, tenía la piel color caramelo, y el cabello negro y rizado. Vivía con sus papás en la Ciudad de México. Guadalupe tenía dos mejores amigas llamadas Sofía y Yesenia. Cada día, después de la escuela, las tres niñas se juntaban para jugar en el jardín de la casa de Guadalupe. Sus juegos favoritos eran las traes y la rayuela. También les gustaba acostarse bajo un parasol azul, para pintar todo lo que se les venía a la mente: unicornios, corazones y árboles. Sus pinturas eran muy coloridas, pues intentaban usar y mezclar todos los colores del arco iris. “¿Me puedes pasar el verde?” preguntaba Guadalupe a Sofía. Sofía le contestaba, “Claro. Aquí tienes. Lo utilicé para mis árboles” Un día en la escuela, cuando Guadalupe y sus amigas estaban en clase de arte, el maestro hizo un anuncio interesante. Their teacher made an interesting announcement. “Para su tarea esta noche, quiero que cada uno de ustedes haga un autorretrato. Es decir, una pintura de su propia cara. Mañana los vamos a colgar en la pared,” dijo mientras señalaba una pared vacía. Las tres niñas se miraron entre ellas, y guiñaron los ojos. Sabían que sería un proyecto de arte perfecto para hacer acostadas bajo el parasol azul. Entonces, cuando terminó el día escolar, las tres niñas fueron caminando hacía la casa de Guadalupe. Se fueron directo al jardín, abrieron el parasol, y sacaron todas las pinturas de sus envases. “¡Antes de empezar tengo una idea genial!” exclamó Guadalupe. Ella entró a su casa y sacó un pequeño espejito en su mano. Lo colocó en medio de ellas y explicó, “es para vernos mejor mientras nos pintamos.” Guadalupe fue la primera en utilizar el espejo, y metió su pincel en el rojo, amarillo, y anaranjado. Mezcló los colores en su hoja para crear el color caramelo de su cara. Sofía se puso en frente del espejo después. Ella mezcló el blaco y el marrón para crear el color café de la suya. Y por último, Yesenia se miró y mezcló blanco y rojo para crear ese color rosado que la distinguía. Guadalupe notó que cada una de sus amigas había mezclado colores diferentes para su autorretrato. Fue en ese momento cuando la mamá de Guadalupe salió al jardín a preguntarles si tenían hambre. “Hola chicas ¿tienen hambre? ¿les preparo algo?” preguntó su mamá. “Sí mamá,” respondió Guadalupe. “¿Tenemos mangos?” La mamá de Guadalupe asintió con la cabeza y regresó a la casa para prepararlos. Mientras tanto, Guadalupe, Sofía y Yesenia continuaron pintando, turnándose el espejo para ver las formas de sus narices, bocas, ojos y cabello. “¡Yyyy listo!” exclamó Yesenia. Levantó su papel para mostrar su autorretrato a Guadalupe y Sofía. “Está muy bonito,” dijo Guadalupe. “Me gusta como pintaste las pecas en tu nariz.” Yesenia sonrió, y contestó, “mi papá me dice que las pecas son besos de ángeles.” Todas las niñas habían terminado con sus dibujos cuando la mamá de Guadalupe regresó con un plato lleno de mango preparado con tajín y limón. “¡Que rico, gracias mamá!” exclamó Guadalupe, mientras agarraba un pedazo de mango. “¿Cómo les va con sus pinturas?” preguntó su mamá. “How are your paintings going?” “Muy bien. Ya terminamos,” contestó Guadalupe. “Pero mamá, una pregunta. Cada una de nosotras mezcló colores diferentes para su piel. ¿Por qué no nacimos todas con el mismo color de piel?” La mamá de Guadalupe levantó las cejas, impresionada por la pregunta. Ella les explicó que el color de la piel de cada persona es distinto dependiendo de sus antepasados. “Umm ¿ante-qué?” preguntó Guadalupe. Su mamá se rió, y repitió, antepasados. Entonces, continuó, “Son las personas de nuestras familias que venían antes de nosotros, como tu papá y yo, tus abuelos, los papás de tus abuelos. Mezclamos todos nuestros colores de piel para crearte a ti.” Guadalupe, Sofía y Yesenia se fijaron en sus pinturas. Entonces, Sofía exclamó “¡mis antepasados tenían la piel más oscura, por eso tengo la piel de color café!” La mamá de Guadalupe sonrió y asintió con la cabeza. Ella también les habló de un tema muy importante que ha sucedido desde hace cientos de años, y que afecta el color de la piel de muchos latinoamericanos. Lo cual se llama el mestizaje. Al escuchar esa palabra, las tres niñas inclinaron sus cabezas, mostrando gestos de interés. Entonces, la mamá de Guadalupe continuó, “El mestizaje es la mezcla de personas y culturas. Cuando los europeos llegaron a las américas, comenzaron a mezclarse con las personas indígenas. Esa mezcla creó muchos colores hermosos, como el color caramelo, el color café, y muchos otros más.” Guadalupe repitió la palabra que su mamá había dicho. “Mestizaje,” dijo, “¿Es como mezclar las pinturas, mamá?” “Exactamente. Como las pinturas,” contestó su mamá. Al día siguiente, Guadalupe, Sofía y Yesenia llegaron a su clase de arte con sus pinturas en las manos. Las colgaron en la pared, y dieron un paso hacía atrás. Vieron la pared llena de diversos colores. Había pieles negras, blancas, cafés. Cabellos lisos, rizados, rubios como el sol, cortos, y tan largos como los de Rapunzel. Había ojos azules, cafés y verdes como la selva. La pared había cobrado vida con tantos colores. The wall had come to life with so many colors. Desde ese día en adelante, al ver la pared llena de autorretratos, Guadalupe, Sofía y Yesenia recordaban lo que la mamá de Guadalupe les había dicho. Todos somos una mezcla de nuestros antepasados. Y debemos estar orgullosos de serlo. Ser diferentes es lo que nos hace únicos. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Alguna vez has pintado un autorretrato? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz ¡Guau! ¡Gracias por enviar el saludo desde México Rodrigo! Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!