¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez un niño de 7 años llamado Mateo. Mateo tenía la piel blanca, y cabello oscuro y corto. Él vivía con su mamá en la capital de Argentina, Buenos Aires. A Mateo le encantaba una cosa en particular. Los videojuegos. Cada día, después de la escuela, pasaba toda la tarde en su habitación jugando Minecraft y Roblox. Aunque su mamá le decía que no era sano ver tanto la pantalla, Mateo no podía resistirse. Y, de pronto, los videojuegos consumieron más y más la vida de Mateo. A tal punto que comenzó a soñar con ellos. He even started dreaming about them. Un día, su mamá tocó la puerta de su habitación, y pudo escuchar que Mateo estaba jugando videojuegos. *toc toc toc* “Mateo,” dijo, abriendo la puerta, “la semana que viene vamos a visitar a tu tío. Aún no lo has conocido, pero sé que se llevarán muy bien.” Mateo quitó sus ojos del videojuego para verla, y asintió con la cabeza para mostrar que la había escuchado. Entonces, regresó a ver la pantalla. “Mateo,” dijo su mamá, un poco más fuerte para mostrar su seriedad, “no me ignores cuando te estoy hablando por favor.” A lo que Mateo volvió a ponerle sus ojos encima. Su mamá le explicó que su tío vivía lejos, en un lugar llamado Ushuaia, Tierra del Fuego. Mateo levantó una ceja. El nombre de aquel lugar le había llamado mucho la atención. “¿Tierra del Fuego?,” preguntó. “¿Qué es eso? ¿Nos vamos a quemar?” Su mamá sonrió, y le contestó que Tierra del Fuego es el nombre de una provincia que queda en el sur de Argentina. Y, al contrario de lo que indica su nombre, no es un lugar caluroso, sino más bien frío, nevoso, y ventoso. Mateo pensó en la nieve y se estremeció. “Entonces voy a traer mi chaqueta más grande,” dijo, “pero mamá, una pregunta, ¿puedo traer mi compu verdad?” I can bring my computer right? Su mamá negó con la cabeza. “No, Mateo. No vamos a traer ningún videojuego. Es importante pasar tiempo con tu tío para poder conocerlo.” Los ojos de Mateo se hicieron muy grandes, y sintió como las lágrimas se formaban en ellos. Se tapó la cara con sus manos y lloró, “¿Cómo que no? No me digas eso mamá. ” Pero su mamá estaba decidida. No iban a traer ningún videojuego. Una semana después, ya con las maletas hechas, Mateo y su mamá esperaban en el aeropuerto para abordar el avión a Tierra del Fuego. Mateo aún no sabía cómo iba a sobrevivir toda una semana sin videojuegos. Ya los extrañaba mucho y no había pasado ni un día entero. Para distraerse, miraba por la ventana del aeropuerto como los aviones aterrizaban y despegaban uno tras otro. Fue en ese momento que anunciaron, “Abordando vuelo número 1886 a Ushuaia, Tierra del Fuego.” Su mamá agarró la mano de Mateo, y le dijo “ese es nuestro vuelo, vámonos.” Al sentarse en el avión, la mamá de Mateo sacó una pila de libros de su mochila. Vió a Mateo y dijo “estos son para que aprendas sobre el lugar a dónde vamos.” El primer libro que Mateo revisó se llamaba El Fin del Mundo. Mateo levantó una ceja, y jaló la manga de su mamá. Le preguntó “¿mamá el fin del mundo? Pensé que íbamos a Tierra del Fuego, y ahora veo que se llama El Fin del Mundo. Uy. Estamos en problemas.” La mamá de Mateo le acarició el cachete con un gesto cariñoso y le dijo que solo era un apodo para Ushuaia, la ciudad a donde iban. Después de leer un par de páginas, Mateo aprendió que Ushuaia es la ciudad más austral del mundo. Es decir, la ciudad más al sur. Y por eso tiene el apodo del fin del mundo. También aprendió que Ushuaia es conocida por estar llena de aventuras y naturaleza. Vió que era posible tomar un tren a un parque nacional, visitar a los pingüinos de la Isla Martillo, e incluso tomar un barco a la Antártida. Al leer los libros y ver las fotos, Mateo comenzó a sentirse más y más emocionado por llegar. Cuando el avión por fin aterrizó, Mateo estaba sonriendo de oreja a oreja. He was smiling from ear to ear. Al bajar del avión, Mateo saludó por primera vez a su tío. “Hola tío,” dijo. “Hola Mateo”, dijo su tío, mientras le daba un fuerte abrazo. “Te ves más grande en persona que en tus fotos. Bienvenido a Tierra del Fuego, y el Fin del Mundo.” Mateo fingió una sonrisa. Esos nombres aún le daban escalofríos. Lo primero que hicieron al llegar Mateo y su mamá, fue dejar sus maletas en la casa de su tío. Era una casa pequeña y acogedora, hecha de madera, con un fogón, y muchas cobijas en el sofá. “Oye tío,” dijo Mateo “¿por qué vives por acá, tan lejos de Buenos Aires?” Su tío le contestó “aquí es donde trabajo. ¿Tu mamá te ha dicho en que trabajo?” Mateo negó con la cabeza. Entonces, su tío abrió el refrigerador, y sacó una criatura que parecía un extraterrestre. La criatura era más grande que la cabeza de Mateo. Era una centolla. Un cangrejo enorme. Al verlo, Mateo jadeó. *Jadeo* Sintió que se quedaba sin aire. La centolla era de color rojo, tenía diez patas y grandes espinas que cubrían su cáscara. “Yo vivo aquí por estas criaturas,” explicó su tío. “Yo pesco centollas en el mar y las vendo a restaurantes. Aquí en Tierra del Fuego tenemos las centollas más deliciosas del mundo.” Mateo quedó asombrado por lo que había visto. Mateo was amazed by what he'd seen. Más tarde, en la cena, su tío la cocinó, y Mateo probó la carne de centolla por primera vez. “¡Qué delicia!” exclamó. Su tío le guiñó el ojo. Durante esa semana en Ushuaia, Mateo observó y aprendió muchísimo. Vió animales como ballenas, pingüinos, y focas leopardos. Y aprendió a cocinar el plato que tanto le gustó, la centolla. Pero antes de que terminara el viaje, Mateo le preguntó a su tío una duda muy importante que tenía. “Tío ¿por qué esta provincia se llama Tierra del Fuego si hace tanto frío?” Su tío se sorprendió por la pregunta, y le dijo “que buena pregunta sobrino. Este lugar se llama así porque cuando los primeros exploradores llegaron, vieron a los indígenas con muchas fogatas, para mantenerse calientes. Es por esas fogatas que este lugar se llama Tierra del Fuego.” “Aaa ya entendí,” dijo Mateo. Cuando regresó a su casa, Mateo no paraba de hablar del viaje. Pero de repente, paró de hablar. Se dió cuenta de algo. “Oye mamá,” dijo, “¡no extrañé mis videojuegos! ¡No puedo creer que me haya olvidado de ellos!” Su mamá le dió un abrazo. Ella sabía que el viaje a Ushuaia, Tierra de Fuego sería para Mateo una memoria inolvidable. Después de ese viaje Mateo pasaba menos tiempo con sus videojuegos, y más tiempo dibujando grandes centollas en su cuaderno. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿A ti te gusta ver la pantalla en vez de jugar al aire libre? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz ¡Guau! ¡Gracias por enviar el saludo desde California papá de Julián! ¡Qué bueno que están aprendiendo español! Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!