¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez un par de hermanos: María de 10 años, y Paco de 8. María tenía la piel morena y el cabello negro como la noche. Paco era un poco bajo para su edad, y medio rellenito como le decía su mamá. María y Paco vivían con sus papás en Chiapas, México. Chiapas es un estado único. Está lleno de selva, naturaleza, y culturas vibrantes. Un día, María y Paco llegaron a su casa después de un largo día en la escuela. Ya casi iba terminar el año escolar, y por fin iban a comenzar las vacaciones de verano. Cuando entraron a casa, María notó algo diferente. La puerta de su habitación que siempre dejaba cerrada, estaba abierta. “Paco,” dijo María, “cuántas veces te tengo que pedir que no entres a mi habi.” Paco le dió un empujoncito a su hermana y exclamó “¡no fui yo!” It wasn’t me! Entonces, María entró a su habitación. Allí en su cama encontró un papel con un dibujo de un jaguar. Lo agarró, confundida, y se fue caminando a la cocina para preguntarle a sus papás que significaba ese dibujo. En el pasillo vió a Paco. Él también tenía un papel en su mano, pero el suyo tenía un dibujo de una pirámide. María y Paco se vieron el uno al otro, y los dos encogieron los hombros al mismo tiempo. Juntos fueron a la cocina a buscar respuestas. Allí encontraron a sus papás sentados en la mesa. María habló primero, “Mamá, papá, ¿qué significan estos papeles?” El papá de María contestó, “Sabemos que tu y tu hermano han trabajado muy duro en la escuela este año. Así que queremos sorprenderlos con un viaje en familia.” Paco comenzó a brincar con alegría y a cantar “¡viaje! ¡viaje! ¡viaje!” Su mamá les explicó que iban a pasar el fin de semana visitando un lugar misterioso. Un lugar en medio de la selva, donde la gente que vivía allí había desaparecido hace más de mil años. Paco dejó de brincar y cantar. “Umm ¿disculpa?” dijo. “¿Gente desaparecida en la selva?” María frunció su ceño y dijo, “nel pastel. No voy a ningún lugar embrujado.” Sus papás se rieron, y les explicaron que no era un lugar embrujado, sino un lugar histórico llamado Bonampak. Allí, hace mucho tiempo, vivieron los Mayas. Pero los Mayas abandonaron la ciudad. “Hay que ir porque es muy importante conocer la historia de nuestro propio país,” dijo su papá. Pero María y Paco aún tenían sus dudas. ¿Por qué abandonarían la ciudad los Mayas? ¿Sus fantasmas siguen allí? ¿Nos van a hechizar? Durante la última semana de clases esas dudas no dejaban de rondar en sus cabezas. Those questions swirled in their heads. Al fin, terminó el año escolar. Ya en la noche antes de su viaje, el papá de los hermanos les enlistó las cosas que necesitaban empacar: “bloqueador, repelente para los mosquitos, botellas de agua, e impermeables para la lluvia. Esto va a ser toda una aventura,” dijo. La siguiente mañana, la familia se despertó muy temprano y se metió al auto, llenando la cajuela con sus maletas. En camino, María le preguntó a sus papás “¿pueden poner un cuento de Mágicos Mundos por favor? El de La Diana Cazadora.” Paco estuvo de acuerdo. “Y después el cuento de las Islas Flotantes”, añadió. Mientras escuchaban los cuentos de Mágicos Mundos, se fueron adentrando más y más en la selva Lacandona. María y Paco se asomaron por las ventanas. Estaban rodeados de árboles verdes con lianas colgando de sus ramas. De repente, Paco exclamó, “¡Vi un jaguar!” A lo que María contestó “no es cierto, ¿dónde?” “Ya lo pasamos, estaba entre los árboles” respondió Paco. María entrecerró sus ojos, dudando de su hermano. Al acercarse a Bonampak, su mamá les explicó que los Mayas vivían entre México, Guatemala, Belize, El Salvador y Honduras. Los Mayas habían construido muchas ciudades en la selva, que se distinguían por sus pirámides y arte. Los Mayas también creían en sus propios dioses, como Chaac, el dios de la lluvia, y Kukulkan, el dios de la serpiente. Mientras escuchaban lo que su mamá les decía, se dieron cuenta de que por fin habían llegado. Cuando su papá apagó el auto, escucharon los monos en los árboles *ooo oooo ooo* María y Paco no soltaban a sus papás. “¿Están seguros que no hay fantasmas aquí?” preguntó María. “Segurísimo” contestó su papá, “acá estamos a salvo. ¡Ahora vamos a buscar la pirámide, aquí permiten subirla!” La familia caminó por un sendero hasta encontrar una pirámide enorme hecha de piedras blancas. Parecía tener un millón de escaleras para llegar al tope. Subieron la pirámide hasta llegar a una plataforma. María dió la vuelta y vió la selva a su alrededor. Cerró sus ojos e intentó imaginar la ciudad tal y como era antes, llena de personas, música, humo. Estar allí le dió una sensación de calma, y se sintió conectada con el lugar. Aún quedaba un lugar más que visitar. Allí en la pirámide había una estructura con tres puertas. Al entrar, ni María ni Paco podían creer sus propios ojos. Las paredes estaban llenas de pinturas coloridas. The walls were filled with colorful paintings. Eran pinturas que habían hecho los Mayas, representando sus vidas. Los colores de rojo, azul y amarillo resaltaban en las paredes. María y Paco quedaron impactados con la belleza del lugar. Observar las pinturas les ayudó a entender cómo había sido la vida de los Mayas hace tanto tiempo. Fue en ese momento que Paco hizo las dos preguntas más importantes desde que llegaron. “Papá” dijo, “¿por qué se fueron los Mayas? ¿Y a dónde?” Hubo un silencio, y después su papá les explicó que en realidad nadie sabía con seguridad por qué los Mayas se habían ido. Puede ser que se hayan ido por una sequía, por causa de las guerras, o por haber destruido el medio ambiente. O una combinación de todas. “Pero,” dijo su papá, “sí sabemos a dónde fueron… los Mayas están vivos todavía.” María y Paco inclinaron sus cabezas, confundidos. Su papá continuó, “muchas personas son descendientes de los Mayas. Incluyéndonos a nosotros. Nosotros somos Mayas.” María y Paco abrieron los ojos de par en par. Paco comenzó a cantar con emoción “¡Somos Mayas! ¡Somos Mayas!” Y María exclamó “¡Por eso sentí que este lugar era especial!” Su papá asintió con la cabeza. Los Mayas dejaron grandes ciudades en la selva, arte y pinturas como las de Bonampak, y dejaron un rastro de ellos mismos en los Mayas que viven hoy en día. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Sabías que puedes visitar las ciudades abandonadas de los Mayas? Las más famosas son Palenque, Tikal, y Chichén Itzá. Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz [Saludos ¡Guau! ¡Paula me ganaste! ¡Gracias por enviar tu saludo desde México! Si quieres escuchar tu voz, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!