¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un niño de siete años llamado Luis. Él vivía con su mamá en la ciudad de Pereira, ubicada en Colombia. Cada mañana, Luis se despertaba con un olor particular. Olía a una combinación de caramelo, nueces, ácido, y pan tostado. Era el olor inigualable del café. La mamá de Luis preparaba una olla de café para empezar cada día. Ella acariciaba la taza caliente con una mano, y agarraba el asa con la otra. Era como un ritual. Pero Luis nunca había probado el café. Luis had never tried coffee. “Oye mamá,” preguntó Luis “¿por qué no me dejas tomar café?” Su mamá se rió, “hijo, el café tiene cafeína, lo cual te da energía. Y tú no necesitas más energía. Créeme.” Luis entrecerró sus ojos. ¡Al escuchar que no lo podía probar, lo quería probar aún más! En Pereira, su ciudad, todos hablaban del café. Algunas personas lo plantaban, otras lo cosechaban, y otras lo tostaban como parte del proceso. Finalmente, personas como su mamá lo convertían en una bebida. Entonces, Luis se quedó pensando, “¿cómo podré probarlo?” Ese día después de la escuela, Luis lo platicó con su vecino y mejor amigo, Jorge. “Jorge,” dijo Luis, “necesito tu ayuda. Mañana, en camino a la escuela, toca la puerta de mi casa para distraer a mi mamá. Así puedo robar un pequeño sorbo de café.” Jorge lo miró sorprendido a lo que Luis le dijo que tenía muchas ganas de robarle un pequeño sorbo de café a su mamá. “De acuerdo amigo,” le contestó Jorge. Esa misma noche, antes de dormirse, Luis le preguntó a su mamá cuál era el origen del café. Ella le explicó que el café había viajado por todo el mundo para llegar a las américas. Primero, se descubrió en África, después las personas lo llevaron a Arabia, Europa, y finalmente a las Américas. “Interesante,” dijo Luis. Aún así, estaba un poco distraído. Pues, mañana sería el día en el que iba a ejecutar su plan. Tomorrow he was going to execute his plan. Pero al apagar las luces, Luis no pudo dormir. Estaba nervioso. No quería ser desobediente, pero la curiosidad le ganaba. Por fin, sonó su despertador. El olor del café permeaba su habitación como siempre. Luis tomó un respiro grande. *respiro* Se levantó de su cama y se dirigió a la cocina. Su mamá estaba en la mesa, bebiendo su café a sorbos. Fue en ese momento que alguien tocó la puerta. *toc toc* La mamá de Luis se paró, dejó su café en la mesa, y se acercó a la puerta a ver quién estaba tocando. Luis sabía que ese era el momento indicado. Caminó hacía la mesa y agarró la taza. Estaba calientita, y de ella salía vapor. El café era de un color marrón muy oscuro. Acercó la taza a sus labios. Justo cuando iba a tomar un sorbo, se detuvo. No fue capaz de hacerlo. Se sintió mal. No quería decepcionar a su mamá. En ese momento su mamá regresó a la cocina “¿Luis, qué estás haciendo con mi café?” le preguntó mientras levantaba la ceja izquierda. Luis bajó su cabeza. “Quería probarlo mamá, pero sé que me dijiste que no. Así que no lo hice.” La mamá de Luis lo vió con un gesto de comprensión, y le dijo “Luis, qué bueno que me hiciste caso. Si quieres, te puedo dar una cucharadita de café solo para que pruebes el sabor.” Luis sonrió de oreja a oreja. Su mamá sacó una cucharita, agarró un poquito de café y se la pasó a Luis. Luis se metió la cucharita en la boca y se tragó el café en un instante. Hubo un silencio. Y de repente gritó “¡guácala! ¡Qué amargo!” How bitter! Su mamá se rió a carcajadas. Ella sabía que a Luis no le iba a gustar. Le explicó que muchas veces, el amor por el café y ciertos sabores llega a medida que uno crece. Y que sería mejor esperar unos años para probarlo de nuevo. “Mmm. No gracias,” dijo Luis “no creo que me vaya a gustar ni en cinco, ni en diez años.” Pero con el paso del tiempo, el olor del café matutino le parecía cada vez más rico a Luis. Le hacía recordar a su mamá, y su rutina de cada mañana. Hasta que un día, ya grande, Luis le dió otra oportunidad al sabor del café. ¡Y guau! Él por fin descubrió por qué el café siempre estaba en las manos de su mamá cuando era niño. Llamó a su mamá para contarle, y desde ese momento el café se volvió una tradición familiar. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Tus papás toman café? ¿Sabías que Pereira es parte de la zona cafetera de Colombia? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz ¡Guau! ¡Gracias por enviar el saludo desde Colombia, Luis Mario! Si quieres escuchar tu voz, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!