¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña de 5 años llamada María. Ella vivía con su papá en la ciudad de Leticia, Colombia. Leticia está ubicada en la selva amazónica. A María le encantaba vivir allí rodeada de árboles, aves coloridas, monos, y muchos animales más. Pero hay otro dato curioso sobre Leticia. Queda en un punto donde se conectan tres países: Colombia, Perú y Brasil. María aún no lo sabía, pero en dos de esos países se habla español, y en uno, se habla portugués. Un día, el papá de María le dijo que iban a visitar a su amigo al otro lado de la frontera, en la ciudad de Tabatinga, Brasil. Su papá le dijo, “Mi amigo tiene un hijo de cinco años, llamado Samuel. Así que vas a tener con quien jugar.” María estaba muy emocionada; nunca había ido a otro país, e iba a poder jugar con otro niño de su edad. Entonces, María y su papá subieron a un tuk tuk para manejar desde Leticia, Colombia a Tabatinga, Brasil. Un tuk tuk es una moto, pero tiene una cabina atrás para llevar personas. María se sorprendió de que fuera tan fácil cruzar la frontera y entrar a otro país. Al cruzar una calle, el conductor del tuk tuk les dijo “¡bienvenidos a Brasil!” María y su papá se sonrieron el uno al otro. Cuando llegaron a la casa del amigo de su papá, María se puso nerviosa, pues era su primera vez estando allí. Agarró la pierna de su papá, y se quedó pegada como un mono titi, mientras él tocaba el timbre. Cuando se abrió la puerta, María vió a un hombre, y un niño pegado a su pierna. Los dos niños estaban igual de nerviosos. Pero María se sintió un poco mejor cuando su papá le dijo “María, ve a jugar en la sala con Samuel. Debe de tener juguetes. ¡Diviértanse!” María y Samuel se soltaron de sus papás al mismo tiempo. María siguió a Samuel a la sala, donde tal y como su padre dijo, habían muchos juguetes. “Olá” dijo Samuel. “O que você quer brincar?” María frunció su ceño, confundida, “¿brincar?” preguntó. “¿Cómo brincar a la cuerda?” Hizo la mímica de brincar a la cuerda para mostrarle lo que decía. La cara de Samuel se puso roja, y negó con la cabeza. Uh oh, pensó María. ¿Acaso Samuel no habla español? Fue en ese momento que el papá de María entró a la sala. “¿Cómo les va?” preguntó. María contestó, “papi tenemos un pequeño problema… ¡Parece que Samuel no me entiende!” Su papá se rió, y explicó que en Brasil se habla portugués, no español. Pero que ambos idiomas son muy parecidos. “¡Por eso!” exclamó María. “¡Lo sabía!” Entonces, María intentó comunicarse con Samuel una vez más, usando una nueva estrategia. “Samuel”, dijo María, muy lento, “¿quieres hacer una carrera de carros?” Esta vez, mientras hablaba, María apuntó con sus manos, señalando a unos carros de juguete. Los ojos de Samuel se iluminaron, y contestó “Sim! Uma corrida de carros!” ¡La estrategia funcionó! Durante el resto de la visita, Samuel y María jugaron sin problema. Solo tenían que hablar muy lento, y utilizar sus manos para poder comunicarse entre ellos. A la hora de despedirse, María le dijo “¡Adiós Samuel, hasta la próxima!” Samuel le contestó “Adeus, até a próxima!” Ya en camino a casa, María le hizo una pregunta a su papá que llevaba tiempo rondando en su cabeza. “Papá, ¿por qué en Brasil hablan portugués, y no español como nosotros? ¡Si tan solo vivimos a tan diez minutos de distancia!” “Muy buena pregunta,” respondió su papá. Él le explicó que hace muchos años, Sudamérica, el continente donde ella había nacido, fue dividido. Los españoles, que hablaban español, tomaron una parte. Y los portugueses que hablaban portugués, tomaron la otra. “Es por eso que en Brasil hablan portugúes,” continuó su papá. “Esa parte pertenecía a los portugueses. Y los demás países, como por ejemplo Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela, a los españoles.” María quedó fascinada con el idioma portugués. Las palabras sonaban muy parecidas al español, pero se pronunciaban de manera distinta. Por ejemplo, carro se pronuncia carro. “Papá” preguntó María, “¿puedo aprender portugués?” Su papá asintió con entusiasmo. “¡Claro!” dijo. “Te podemos inscribir a unas clases. Y así, la próxima vez que veas a Samuel, podrás comunicarte con él más fácilmente.” María sonrió, “eso es justo lo que estaba pensando,” dijo. Unos meses después, María y su papá cruzaron la frontera de nuevo. Esta vez, cuando visitó a Samuel, María dijo “Olá Samuel bom día, tudo bem?” Samuel se quedó atónito, “María… você fala portugués!” María le sonrió y asintió con la cabeza. Ella se sintió muy feliz de poder comunicarse con Samuel en su propio idioma. Y ese mismo día, Samuel le dijo a María que él iba a intentar aprender español también. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Sabías que en Brasil hablan portugués, y no español? ¿Cuales idiomas hablas tú? ¡Esta semana no recibimos ningún saludo! Así que vamos a hacer un anuncio especial. Yo escribiré un cuento usando el nombre de los siguientes tres niños que envíen sus saludos. Dinos tu nombre, de dónde eres, y cuál es tu cuento favorito. Solo ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!