¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un niño de ocho años llamado Pablito. Pablito era un campesino con cabello negro y corto. Vivía en una choza con su familia en lo alto de las montañas de Perú. Durante el día llevaba un poncho para el frío, y un sombrero para protegerse del fuerte sol. Cuando tenía tiempo libre, a Pablito le gustaba escalar la montaña y jugar entre las piedras grandes. Pero esas piedras siempre le parecían raras a Pablito. No eran piedras de forma normal. Eran cubos, bien cortados, encajados uno con otro, como si fueran un rompecabezas. They fit together like a puzzle. “¿Por qué esas piedras parecen cortadas?”, preguntó Pablito a sí mismo. “¿Y quién las dejó aquí arriba de la montaña?” Ni su papá ni mamá tenían respuestas a sus preguntas. Su papá le decía “debes ayudar con la cosecha, no estar jugando con esas piedras raras.” Pero a Pablito le gustaban. Un día, Pablito estaba sentado en la puerta de su choza, viendo la lluvia caer afuera. “Que bonito es ver llover y no mojarse,” pensaba Pablito. De repente, un hombre extraño apareció en la distancia. Pablito lo vió, pero no dijo nada. El hombre era alto y blanco, con un sombrero oscuro. Estaba muy mojado por la lluvia. Pablito se paró y fue con su papá, “Papá, quién es él,” preguntó apuntando hacía el hombre. Fue la primera vez que Pablito había visto un extranjero. Su papá salió a ver que quería el hombre, mientras Pablito quedó en la puerta, viendo con desconfianza. Pablito watched with suspicion. Después de hablar con el hombre, su papá regresó a la choza. “Ese hombre viene de muy lejos”, explicó su papá. “Dice que está buscando una ciudad perdida. Pero le dije que por aquí no hay nada.” Pablito lo pensó... “Una ciudad perdida”, repitió a sí mismo. “A lost city.” Pablito y su papá se quedaron en la puerta, mientras el extranjero se fue. Fue en ese momento que Pablito se acordó de las piedras raras. ¿Podrían ser parte de una ciudad perdida? “Espera!” gritó Pablito. El extranjero se paró, dió la vuelta y comenzó a caminar de regreso a la choza. Cuando llegó, Pablito le dijo, “Yo he visto algo muy raro.” Apuntó hacía la cumbre de la montaña. Pablito le explicó al extranjero que arriba de la montaña habían piedras cortadas, encajadas como si fueran un rompecabezas. El extranjero levantó las cejas y quitó su sombrero, colocándolo debajo de su brazo. Le preguntó al papá de Pablito si ellos podrían guiarlo a esas piedras raras. El papá de Pablito dijo “Sí, está bien. Vámonos.” Entonces, Pablito, su papá y el extranjero comenzaron a subir la montaña, paso por paso. El camino era difícil para el extranjero, muy inclinado, y resbaloso. Pero para Pablito el camino era fácil, hasta divertido. En esa montaña jugaba todo el tiempo. Cuando por fin llegaron a la cima, Pablito anunció “aquí estamos.” El extranjero vio a su alrededor y frunció el ceño. No vió nada más que plantas y maleza. Entonces, Pablito se acercó a la maleza y la quitó con sus manos, exponiendo varias piedras cortadas en forma de un muro. Los ojos del extranjero se abrieron tan grande que casi salieron de su cabeza. Brincó al aire y gritó “¡No puede ser! ¡Una ciudad perdida!” Y así era. Aún no lo sabían, pero Pablito había ayudado con el descubrimiento de una ciudad perdida, llamada Machu Picchu. Cuando poco a poco destaparon las piedras, revelaron una ciudad hermosa, construida por los Incas hace cientos de años. Pablito y su papá se vieron el uno al otro. Los ojos de su papá estaban llenos de felicidad. “Hijo, has ayudado a descubrir más de nuestra historia. Estoy orgulloso de ti.” Pablito sonrió, “¡espero que eso signifique que puedo jugar más!” Los dos se rieron. Su papá asintió con la cabeza y dijo “si tu quieres Pablito.” Hoy en día, la ciudad de Machu Picchu es considerada una maravilla del mundo. Más de un millón de personas visitan cada año para disfrutar de la ciudad construida en la cumbre de una montaña. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Sabías que un niño, llamado Pablito ayudó a descubrir la ciudad perdida de Machu Picchu? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. ¡Guau! ¡Me encanta escuchar tus saludos! Si quieres escuchar tu voz, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!