¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Si quieres escuchar tu voz al final de un cuento, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, una niña llamada Monserrat. Tenía cabello castaño y una sonrisa brillante. Sus amigos le apodaban “hoyuelos” por los dos pozos que salían en sus cachetes cada vez que sonreía. Monserrat vivía con sus papás y abuela en la provincia de Panamá Oeste, Panamá. Durante los primeros cuatro años de su vida, Monserrat no prestaba mucha atención a las celebraciones de año nuevo. Pero ya con 5 años, estaba muy interesada en cómo su familia iba a celebrar este día festivo. Ya era el último día del año, y Monserrat se acercó a su papá y le preguntó, “papi, ¿qué vamos a hacer esta noche para el año nuevo?” What are we going to do tonight for New Years? Su papá la vió y dijo “vamos a hacer lo que siempre hacemos en año nuevo hija. Vamos a cenar en familia, y después, a la medianoche, quemaremos un muñeco.” Al escuchar eso, Monserrat se quedó escandalizada. Vió a su papá, con la cabeza inclinada, parpadeando en confusión. Al fin, ella gritó “¿¿Qué dijiste?? Mis muñecos son mis bebés y nadie los va a tocar. Y menos quemarlos.” Su papá se rió. Le explicó que no iban a tocar sus muñecos. Iban a la plaza central a ver quemar los muñecos que otros miembros de la comunidad eleboraban. Monserrat soltó un suspiro “¡uf! Eso estuvo cerca.” That was close! Ella estaba más tranquila, pero aún no entendía por qué iban a quemar un muñeco. Más tarde acompañó a su mamá a hacer un quehacer en la plaza principal. Y allí los vió. Varios muñecos de tamaño real. Habían de todos tipos, blancos, negros, flacos, gordos. Hasta uno era verde con picos. Monserrat quería quedar en la plaza a inspeccionarlos más de cerca, pero su mamá le estaba jalando la mano hacía el supermercado. Cuando regresaron a casa, sus primos ya estaban llegando para la cena familiar. Monserrat no pudo concentrarse en los juegos de sus primos, ni en la comida de la cena. Estaba pensando en los muñecos que iban a ser quemados. Preguntó a sí misma en voz baja “¿los muñecos saben que van a ser quemados? ¿Qué tal si les duele?” Pensaba en sus dudas durante toda la cena. Hasta que su abuela se acercó y dijo, “Monserrat, ¿por qué no estás comiendo mi niña?” Monserrat frunció el ceño y miró su plato. Le explicó a su abuela que estaba preocupada por los muñecos inocentes que iban a ser quemados a medianoche. No entendía por qué harían eso como una celebración. She didn’t understand why they would do that as a celebration. Su abuela sonrió. “Ay mi niña,” dijo. “Deja te explico. Primero lo primero: no son muñecos como los tuyos.” Su abuela le explicó que los muñecos en la plaza no representan niños, ni personas. El muñeco solo es un símbolo que representa el año viejo. Cuando la gente quema el muñeco, están quemando lo malo que sucedió el año pasado. Con las llamas del fuego, la gente está limpiando el pasado, y empezando el año nuevo desde cero. “¿Ahora entiendes, mi niña?” preguntó su abuela. Monserrat sonrió, enseñando sus hoyuelos. “Sí abuela,” dijo. “Ahora, come tu cena” ordenó su abuela. Después de cenar, la familia caminó hacía la plaza central. Monserrat estaba nerviosa pero emocionada. Comenzó a pensar en su año pasado, y qué había ocurrido. No quería quemar las cosas buenas, como su viaje a la playa, y los nuevos amigos que hizo en la escuela. Pero sí quería quemar unas cosas, como la semana en estuvo enferma con coronavirus, y no pudo ver a sus amigos Cuando llegaron a la plaza, toda la comunidad había llegado para observar. Y allí estaban parados todos los muñecos. Monserrat se fijó en el muñeco verde con picos. Preguntó a su papá, “papi, ¿qué es ese muñeco verde?” What is that green doll? Su papá le explicó que ese muñeco representa el coronavirus. Que muchas personas se enfermaron en los últimos años, y quieren quemar la preocupación que les causó. Monserrat exclamó “yo también quiero borrar ese recuerdo de estar enferma, porque realmente la pasé muy mal. ¡No vi a mis amigos por toda una semana!” Su papá contestó, “Eso me da una idea. ¿A ti te gustaría prender fuego a ese muñeco verde?” Monserrat lo pensó unos segundos, y exclamó “¡sí, claro!” Con la ayuda de su papá, tomó el cerillo y prendió fuego al muñeco. Mientras las llamas subían el muñeco, toda la comunidad celebraba. La sonrisa de Monserrat mostró sus hoyuelos de nuevo. Estaba feliz de quemar el año pasado y recibir el nuevo año con felicidad y optimismo. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Alguna vez has quemado un muñeco de año viejo? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. ¡Guau! ¡Me encanta escuchar tus saludos! Si quieres escuchar tu voz, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!