¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un niño brasileño llamado João. Tenía piel morena, y cabello lacio y oscuro. Casi siempre llevaba pintura negra en su cuerpo, tatuándose con diversos diseños. João vivía con sus papás en una choza en la selva amazónica. Su tribu indígena vivía entre los árboles grandes y antiguos. Toda la vida de João estaba llena de la naturaleza. Él conocía la selva como la palma de su mano. En vez de guiarse usando calles y edificios, él se guiaba usando árboles y piedras. Durante el día, João ayudaba a los otros hombres de la tribu a pescar en el río, y a cazar monos y pájaros. Pero su pasatiempo favorito era recolectar frutas. Para hacerlo, escalaba los árboles muy altos, usando solo sus pies y sus manos. Primero usaba la gravedad para plantar sus pies en el tronco, agachándose, y después jalaba hacía arriba con sus brazos. Cuando llegaba al tope, alcanzaba las frutas y las tiraba a sus compañeros esperando en la tierra. Al terminar de tirar la fruta, siempre disfrutaba de la vista. Sentía que podía ver una cantidad infinita de árboles verdes. João solo tenía una regla al escalar los árboles: nunca mirar hacía abajo. Temía que si viera hacía abajo, perdería su concentración y caería. Una mañana, João se despertó muy temprano. Se sintió raro, como si sus pulmones estuvieran muy pesados en su pecho. Comenzó a toser. João despertó a sus papás, que dormían a su lado. “Papá, mamá, ¿qué está pasando?” Cuando sus papás se despertaron, sus ojos estaban rojos. “Es humo hijo” dijo su papá. Pero ¿de dónde venía tanto humo? João gritó para despertar el resto de la tribu “¡despiertense, tenemos que irnos!” Toda la tribu salió de sus chozas. Pero no sabían a dónde ir. El aire estaba lleno de humo y nadie sabía de dónde venía. Un anciano sugirió, “João, sube un árbol y avísanos dónde está el fuego.” João corrió hacía un árbol cercano, el más antiguo y grande de la selva. Con tanto humo, no pudo ver el tope. Se puso en posición de subirlo como siempre. Comenzó a subir, jalandose una y otra vez. Cuando estaba a la mitad del árbol, empezó a toser muy fuerte. *toser* Se sintió mareado al respirar tanto humo. Entonces, João hizo algo que nunca había hecho antes… miró hacía abajo. Vió que tan alto estaba y dejó salir un jadeo *jadeo* Sintió que iba a caerse. Su papá le gritó “¡João cuidado hijo! Concéntrate” Al escuchar a su papá João agarró fuerte el árbol. Tomó un respiro y frunció su ceño. Jamás iba a decepcionar a su tribu. Con toda su fuerza jaló hacía arriba. Jaló y jaló hasta que finalmente llegó al tope. Buscaba fuego en todas las direcciones. Vio una luz, roja y anaranjada. Era el incendio, y estaba al otro lado del río. Bajó del árbol y compartió las noticias. “El incendio” dijo, sin aliento, “está al otro lado del río. Creo que estaremos a salvo de este lado, pero hay que escapar del humo.” Toda la tribu agarró lo que podían de sus chozas. Unos agarraron lanzas, otros comida. Y comenzaron a caminar en grupo. Por las noticias de João, no cruzaron el río, sino siguieron la orilla. Después de varias horas de camino, encontraron una región sin humo. Allí, encontraron otra tribu de indígenas. Ellos también habían escapado del humo e incendio. Las tribus comenzaron a conversar entre ellos. João aprendió del otro cacique que el incendio no comenzó por accidente, sino a propósito. Pero, “¿quién haría eso a propósito?” preguntó João. Según el cacique, un grupo de granjeros habían entrado la selva, y prendieron fuego a los árboles para crear espacio para sus animales. Eso le confundió mucho a João. “¿Por qué quemaron la selva? Es nuestro mundo, y hay que protegerlo.” Ese día João se dió cuenta de dos cosas importantes. El primero es que él tenía un poder especial: subir hasta los árboles más grandes de la selva. Se sintió orgulloso de sí mismo por utilizar su poder para el bienestar de su tribu. El segundo es que la selva no se protege sola. Los humanos la pueden quemar, o la pueden cuidar. Así que João decidió dedicarse a proteger el medioambiente que tanto amaba, educando a la gente que no vive en la selva, sobre la importancia de cuidarla. Así, todos pueden disfrutar de las riquezas naturales que la tierra nos da. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Alguna vez has hecho algo para proteger el medio ambiente? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. ¡Guau! ¡Me encanta escuchar tus saludos! Si quieres escuchar tu voz, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!