¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez, un niño llamado Julio. Julio vivía con sus papás en una aldea del altiplano de Bolivia. Vivía rodeado de la naturaleza: animales como llamas y alpacas, y ríos y montañas majestuosas. Los papás de Julio siempre le contaban cuentos sobre esa naturaleza. Decían que sus antepasados, los Incas, creían que las montañas eran especiales. De hecho, creían que las montañas eran dioses, con el poder de controlar el futuro. Pero Julio no creía en eso. Siempre decía “papá, las montañas solo son piedras. No pueden controlar nada.” Julio no creía en la magia. He didn’t believe in magic. Hasta que un día Julio tuvo una experiencia que cambiaría su opinión. Él vio la magia con sus propios ojos. Pero ¿Qué le pasó a Julio? Y ¿Qué vio? Ese día Julio estaba sentado en frente de la chimenea de su casa, disfrutando del calor del fuego. Su papá entró la sala y le dijo “Julio, necesito que vayas a recolectar leña. Nos hace falta, y ya viene el invierno.” Julio se paró. A él le gustaba recolectar leña porque le daba tiempo para estar en la naturaleza. En el altiplano hay pocos árboles, así que Julio tuvo que caminar lejos. Por eso, puso su poncho de alpaca más grueso para mantenerse calientito. Ese día, en vez de seguir el sendero normal, Julio decidió tomar una ruta nueva. Caminaba y caminaba, viendo el cielo, viendo las montañas, pensando en la belleza de su hogar. Pero lo que no hizo fue prestar atención por donde andaba. Cuando por fin se fijó en el sendero, se dió cuenta que lo había perdido. No había rastro de ningún sendero. “Ay caramba” dijo Julio. “Estoy perdido. I’m lost” Comenzó a buscar el sendero, caminando unos pasos a la izquierda, después unos pasos a la derecha. Pero nada. Buscaba hasta que empezó a atardecer. “¡Aló!” gritaba Julio. “¡¿Hay alguién que me escuche?!” Pero Julio estaba solo. Decidió acurrucarse junto a un arbusto, para protegerse del viento. Levantó sus rodillas hasta su pecho para cubrir todo su cuerpo con su poncho, y levantó el poncho para cubrir su cara. Así pasó la noche. Sin casa, sin comida, sin sus papás. Por el frío no podía dormir, así que levantó su cara para ver el paisaje. Vio un cielo despejado, lleno de estrellas, y una media luna luminosa. “Al menos las estrellas y la luna me acompañan” susurró a sí mismo. La mañana siguiente volvió a buscar el sendero. Hasta que tuvo una idea. Miraba las montañas y pensaba en sus antepasados. “¿Puede ser cierto que las montañas tienen poderes mágicos?” pensaba. En ese momento, una figura apareció en lo alto del cielo. Era grande y negro, y estaba dando vueltas por el aire. Julio entrecerró los ojos para ver mejor. Vio que era un cóndor andino, una de las aves más grandes del mundo. Tenía alas enormes con plumas blancas y negras, un collar de puras plumas blancas, y una cabeza calva. Julio se animó. Su papá le había contado que los cóndores también tenían poderes, que podían comunicar mensajes. Julio comenzó a gritar “¡Señor cóndor! Estoy perdido. Necesito ayuda.” El cóndor no contestaba; dió unas vueltas más en el aire, y se fue, volando hacía el horizonte. Julio bajó la cabeza, una lágrima cayendo de su ojo. Estaba perdiendo la esperanza. He was losing hope. Pero un rato después, escuchó una voz “¡Julio! ¡Julio!” Julio contestó “¡Aquí estoy!” Vió a su papá y corrió hacía sus brazos abiertos. Le dió un abrazo enorme. “¿Cómo me encontraste papá?” preguntó Julio. Su papá apuntó hacía arriba. En lo alto del cielo había regresado el cóndor. Julio no lo pudo creer. El cóndor sí había comunicado su mensaje a su papá. ¡Sí tenían poderes mágicos! Cuando llegó a su casa, Julio tomó una rica sopa de quinoa y se calentó de nuevo en frente de la chimenea. Desde ese día, ha visto la naturaleza de una forma diferente. Como sus antepasados, creía que las montañas, los ríos, y los animales no solo eran objetos, sino que tenían poderes especiales. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Crees que la naturaleza tiene poderes mágicos? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. ¡Guau! ¡Me encanta escuchar tus saludos! Si quieres escuchar tu voz, ve a magicosmundos.com y haz click para grabar. Y no olvides seguirnos y activar la campanita para no perderte los nuevos cuentos de Mágicos Mundos. ¡Hasta el próximo pequeños!