¡Bienvenido a Mágicos Mundos, cuentos infantiles! En donde tu eres parte esencial de nuestras aventuras. Recuerda que queremos escucharte. No olvides de enviar tus saludos y decirnos de qué parte nos escuchas. Envíanos una grabación de tu voz al correo electrónico equipo@magicosmundos.com. Ahora sí, viajemos juntos a mágicos mundos. Había una vez un grupo de hombres españoles. Eran barbudos, montaban en caballo, y cargaban espadas. Estos hombres sólo querían una cosa en particular: el oro. Y harían lo que sea por ello. Uno de los hombres se llamaba Sebastián de Benalcázar. Sebastián ya había hecho mucho en su vida. Había viajado largas distancias, había robado mucho oro, y hasta había fundado una ciudad, Quito, Ecuador. Pero él quería más. He wanted more. Quería más oro, más riqueza, más poder. Un día, mientras Sebastián caminaba por la calle, vio una viejita sentada en un banco. Ella tenía cabello gris, una cara llena de arrugas, y ojos muy oscuros. También llevaba aretes de oro. Sebastián no lo sabía, pero esa viejita no era normal. Era una hechicera. La viejita saludó a Sebastián y dijo “buenas tar…” pero no terminó la frase. Al reconocer a Sebastián, intentó tapar sus aretes de oro con su bufanda. Sebastián paró, y pensó ¿Y por qué esa viejita reaccionó así? ¿Qué me está ocultando? Sebastián se acercó a la viejita y le dijo: “Disculpe señora, ¿Me conoce?” Do you know me? La viejita miró a Sebastián a los ojos y contestó “Sí señor. Acaso no te acuerdas de mí, pero yo sí me acuerdo de tí.” Sebastián se quedó mirando su cara. Intentando recordar en dónde la había conocido. Pero no pudo. En ese momento vio el brillo de oro detrás de su bufanda. Sebastián, sin poder controlarse, gritó “Señora entrégueme esos aretes de oro, ahora mismo! El oro es mi cosa favorita en este mundo” La viejita no movió ni un dedo. Jamás iba a entregar sus aretes. Eran un regalo de su mamá. “Tengo otra propuesta” dijo la vieja hechicera, “en vez de entregarte mis aretes, te voy a contar de una ciudad llena de oro” Los ojos de Sebastián se abrieron de par en par. Una ciudad de oro sería su sueño. “Ok señora” dijo Sebastián, “acepto su propuesta, cuénteme más” Tell me more. La vieja hechicera le contó a Sebastian sobre una ciudad secreta, escondida. La ciudad se llamaba El Dorado. El Dorado era hecho de oro. Sus casas, sus muros, hasta sus calles brillaban de oro. Y eso no fue todo. El cacique de El Dorado se cubría el cuerpo en polvo de oro, y se metió a una laguna especial, dejando el oro caer al agua. Sebastián no pudo contener su emoción. “ah hoooo!” Gritó. “Voy a tener más oro que nunca!” Esa misma noche, Sebastián comenzó a empacar sus maletas. No iba a perder tiempo en buscar El Dorado. Comenzó su búsqueda en las selvas, cruzó montañas, atravesó ríos, y peleó constantemente con los mosquitos. “Buscar una ciudad escondida es bastante difícil,” pensó. Hasta que un día llegó a una laguna. La Laguna Guatavita, en Colombia. Esa laguna sí parecía especial. ¿Podría ser la laguna donde se bañaba el cacique, cubierto en oro? Sin pensarlo dos veces, Sebastián se metió al agua, buscando oro con sus manos y sus pies. Metió su cabeza al agua y abrió los ojos. Pero nada. Sebastián buscó por la ciudad del Dorado por el resto de su vida. Jamás la encontró. Cuando Sebastián ya era viejo, apareció de nuevo la viejita. “¡Eres tú!” gritó Sebastián. “Mire que me ha hecho viejita malvada! ¡Es su culpa que he pasado toda mi vida buscando la ciudad de oro!” La viejita sonrió, “no Sebastián” dijo, “es la culpa de tu avaricia. Tú tenías mucho, pero siempre querías más y más” Sebastián por fin se dió cuenta de que la viejita no era normal, sino una hechicera. Y Sebastián aprendió una lección muy importante: No hay que malgastar la vida acumulando cosas, sino disfrutar de lo que uno tiene. El cuento del Dorado sigue vivo. Durante los siguientes años, más y más personas han buscado la ciudad escondida, llena de oro. Pero sigue en su escondite hasta la fecha. ¿Qué piensas? ¿Te gustó el cuento de hoy? ¿Tú piensas que El Dorado sí existe? Ahora, vamos a abrir nuestro buzón de voz. ¡Guau! ¡Me encanta escuchar tus saludos! Si quieres escuchar tu voz, envíanos tus saludos y decirnos de qué parte nos escuchas, al correo electrónico equipo@magicosmundos.com.